Opinión

Las heridas de la ciudad

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Las heridas de la ciudad

Martes, 6 de octubre

Ayer sonó el teléfono. Era mi colega de tertulia, el profesor. Fue lacónico: “Te llamo para que juegues conmigo a lo que nos ha enseñado el psiquiatra. Recuerda, yo digo una frase y tú respondes. Cada frase debe ser certera, tirando al blues, y sobre algo clave o que hayas vivido”. Recordé el juego. No me arredré. Propuso: “Vamos a destripar nuestra infeliz ciudad, Ourense”.

Comienza él:2020-10-11 ANGULO INVERSO Ilust_resultado

-Esta es la ciudad que ha dado más suicidas del noroeste de este país.

Respondo yo:

-Es la ciudad que ha dado más locos en la década de la emigración, como confirmó el inolvidable doctor Cabaleiro.

Y así continuamos:

-Esta es la ciudad que ha creado el licor café, capaz de competir con la absenta.

-Esta es la ciudad que tiene más asesinatos sin resolver, más de una docena estos últimos años.

-Esta es la ciudad que se permite recibir los mejores jazzmen del mundo.

-La que dio más seminaristas en décadas pasadas.

-También la que dio más legionarios en los años de la guerra de Marruecos, como escribieron Ben-Cho-Shey y el general Millán-Astray. Cuántos de nuestros paisanos fueron degollados en el brutal desastre de Annual.

-Está comprobado. Somos líderes de incendiarios en todo el noroeste.

-Es la ciudad que tiene como libro de cabecera uno muy oscuro, turbio y bello: “A esmorga”.

-Esta ciudad, en la década de los setenta y ochenta, vio morir a una generación completa que caminaba por el lado oscuro.

-Desde principios del siglo pasado hasta hoy, es la ciudad que ha tenido los mejores café teatros, antros y garitos. Incluso la mejor sala de fiestas que compitió con las de Madrid, Auria.

-Es la ciudad donde nació un singular oficio de trotamundos, el afilador.

-Ay, quizás sea la que más dobla la cerviz ante el poderoso.

-Cortázar, que hizo un viaje por este trozo de mundo, afirmó que nuestra calle del Paseo era de las más hermosas del mundo.

-Ay, nuestro grave pecado de la apariencia: así que en nuestras calles lucen las boutiques y tiendas de lujo de mayor renombre. Si tuviesen que cerrar todo en esta ciudad, sólo quedarían abiertas las peluquerías. Tenemos tantas que casi toca a una por vecino.

-Es la ciudad que con frecuencia mata lo que ama. Aquí existió el circo más hermoso del mundo, el de la Ciudad de los Muchachos, que llegó a deslumbrar el abarrotado Madison Square Garden de Nueva York. Fue una ciudad alucinante que acogió a niños y jóvenes de todos los continentes. En tiempos del general ferrolano practicaban ya una democracia. Increíble, pero llegaron a elegir alcalde y tuvieron moneda propia. Ay, la aventura y el sueño terminaron y su creador, el padre Silva, murió triste y abandonado.

-Durante muchas décadas tuvo el mayor y más abarrotado barrio chino que hayan visto tus ojos.

-Es la ciudad que tuvo el más grande enjambre de poetas y “artistiñas”. Algunos huyeron, también Valente que, muy herido, escribió: “Ciudad sórdida, perdida, municipal y oscura por donde pasan trenes sin destino”.

-Es la ciudad en que se ven pocos niños en las calles, pero en la que habitan más longevos y centenarios.

-Es la única ciudad que tiene una prisión en que los presos ven hermosos murales de excelentes pintores ourensanos en las paredes.

-Es la ciudad que tiene un monumento a la lechera. Ay, bajaban de las aldeas con sus mejores productos. La leyenda dice que a la entrada de la ciudad orinaban sobre los cántaros para darles más fuerza.

-Es la ciudad que tiene conmovedores epitafios en su cementerio de San Francisco. El de Ben-Cho-Shey: “Quedan suprimidas tódalas homenaxes post mortem porque as cousas ou se fan ó seu tempo ou non se fan”.

(Mi amigo el profesor dice: “Ya está bien, hermano. ‘Game over’, terminó el juego. Quizás hayamos sido un poco crueles. Nos inspira odio y amor. Reconozcámoslo, esta ciudad ha dado las mejores mentes del siglo XX, la generación Nós”. No me quedo atrás y le digo: “Cierto, también está escrito que es Ourense la ciudad más cantada por los poetas”.)

Jueves, 8 de octubre

Se usa en exceso la palabra “leyenda”, pero para definir al legendario y pionero Eddie Van Halen es certera. Se ha ido con 65 años otro de los grandes. Menos mal que nos queda Keith Richards, del que dicen que si cae una bomba atómica sólo se salvarían las cucarachas y él. Siempre he sentido una gran pasión por los guitarristas. Trabajé con ellos y la guitarra es un apéndice de su corazón. Los he visto dormir abrazados a su Gibson. Los he visto pactar con el diablo para lograr un buen riff. Los he visto encerrados cuarenta y ocho horas, solos, con una cafetera hasta que parieron el blues que presentían. Ay, te juro hermano lector que es cierto, conocí a un guitarra de una banda importante allá en los ochenta del pasado siglo. Vinieron malos tiempos, estaba enganchado como todo Madrid entonces. Llegó a casa de su camello con un síndrome de abstinencia del carajo, pero el fulano no le fio. Le espetó: “Dame tu guitarra y te doy unos gramos”. El músico lo miró con ojos muy húmedos. Hubo un silencio, negó. “Si te diese mi guitarra te daría mi alma”. 

Eddie Van Halen fue músico de cabecera de varias generaciones. Tuvo malos tiempos, alcohol, drogas, cáncer y muchos años de gloria, pero jamás perdió la sonrisa. En su tema que más amo dice: “Espero que el amor me rescate”. Siempre fue fiel al “hard rock”. Cuando el “grunge” de Nirvana lo apartó, él supo esperar y volver a su sitio: a la cumbre. Créeme, para ser un buen guitarrista hay que trabajar muy duro. Sus frenéticos solos de guitarra son como relámpagos que estallan en el cielo. Parecen decir “el ser humano está de paso, como el viento sobre la faz de la Tierra”. Cumplió cincuenta años de rock. No voy a escribir de su obra, fijo que en su página lo hará mi enciclopédico compañero Mariano Muniesa. Me despido como a Eddie le gustaría, busco algún tema que me haga sonreír. Suena el vinilo: “Siente tu amor esta noche./ Muy bien,/ estamos consiguiendo divertirnos en la parte trasera de mi coche”.