Opinión

El alcalde imaginario

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El alcalde imaginario

Toma de posesión de Gonzalo Pérez Jácome como alcalde de Ourense. (Foto: Xesús Fariñas)
photo_camera Toma de posesión de Gonzalo Pérez Jácome como alcalde de Ourense. (Foto: Xesús Fariñas)

Jácome siempre ha querido ser revolucionario. Por algo es un político anticasta procedente de la casta, denunciante del bipartito por una corrupción no demostrada, dueño de una televisión que no tenía licencia, opositor implacable contra el derroche público mientras le colocaba como empresario medio millón de euros en una década a Diputación y Concello –al que ahora le factura "un dineral" en asesores–. Los políticos punk como él no se detienen en aparentes contradicciones. "Es una ironía de la vida", confesaba cuando fue investido. 

Para él todo pasa por esa habilidad gatopardiana para adaptarse a los tiempos que lo acabó lanzando a la Alcaldía. "El objetivo es transformar esta ciudad", deseaba en junio. Y ahí anda. Si en la oposición proponía ideas tan formidables como la "democracia total" en el Concello, un circuito de velocidad o un “autobús metropolitano 24h/7” –¿y por qué no?–, como alcalde ha ido lanzando en estos siete meses la reapertura en 90 días de la plaza de A Ponte y los contenedores soterrados, un belén monumental, el parque acuático, un  parque mapamundi, el rascacielos de 80 pisos o instalar la UNED en la vieja cárcel. ¿Estudios previos de viabilidad? Engorrosa burocracia. ¿Coste? Un post de Facebook. Moderno, y así también nos posicionamos en las redes, jefe. 

Tras sus dos últimas ideas –cerrar el tráfico en Concordia y quitar la ORA–, ayer su portavoz, Miguel Caride, tuvo que dar la cara: “O alcalde fai propostas e logo vemos se é viable”. Una vez más, sus críticos –meros "haters", placeros resentidos, culturetas o periodistas locales– estaban equivocados, evaluándolo como un alcalde y pidiendo cuentas por simples promesas incumplidas o gestiones inacabadas. Totalmente "old fashioned". Jácome, en su afán de redefinir la política, está revolucionando la figura del alcalde. Los ourensanos –"los accionistas", según su argumentario extraído de algún libro comprado en NYC– votaron a un regidor y han conseguido a cambio a un visionario. Un Elon Musk que imagina su Ourense del futuro mientras triunfa su performance –memorable en la gala de AJE o ayer en Fitur, con ecos de De Niro en el “El rey de la comedia"–. Autoinvestido CEO del Concello de Ourense SA, él funciona como un think tank y, por tanto, tocará medirle por la calidad de su imaginación y no por la solvencia de su gobierno. ¿Fiscalizar la gestión? Eso, en la ventanilla del city manager y de los técnicos. Jácome está con su "magical thinking".