Opinión

Volver de Madrid

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Volver de Madrid

Hay cosas todavía mejores que ir a Madrid. Para empezar, volverse de allí. Los nacionalistas españoles llevan repitiendo décadas de forma machacona que los nacionalismos periféricos se curan viajando. Al menos el gallego funciona al revés. Tres días en Madrid son más que suficientes para que los atascos, las colas, los cabreos, los ubers y los precios te recuerden lo bueno de tu barrio de Ourense. Al mes de escuchar a cayetanos hablar del encanto de las nécoras y el Náutico de San Vicente empezarás a pedir una fiscalidad propia, y al año de escuchar "Sangenjo" pedirás las urnas para la consulta secesionista. ¿El AVE? Una frontera y más proteccionismo, rumias a la tercera vez que percibes la estupefacción de tu interlocutor capitalino tras saber que no conoces a nadie que salga en el libro de "Fariña" ni anhelas irte a trabajar a Chamartín –allí tu empleo provinciano suele estar igual de valorado que el de Guaidó en La Moncloa–. 

Tus amigos que a pesar de todo curran allí van perdiendo brillo de tanto pisar Gran Vía. Siempre los encontrarás mejor comiendo raxo en Santiago. Y las vacías modernidades todavía lo están más en Antón Martín. En cuanto se acabe de cerrar la brecha digital, la Xunta debería empezar a hacer campaña para reabrirla en los smartphones gallegos: bórrate Facebook, elimínate Instagram, ponte las botas y vete al monte. La resistencia al 3.0 se inicia en el Padornelo.

Reconozcamos, eso sí, que un fin de semana largo en Madrid da para mucho. Le pasa lo mismo a la actualidad. Bastan tres días para que buenos periodistas aprovechen la muerte de Gistau –como antes la de Cuerda- para perfeccionar esa habilidad de recordar a un fallecido ilustre dándose un masaje a ellos mismos –qué anécdotas tengo con él, qué risas, qué regalos, qué cenas, qué copas- y para que Trump homenajee a Larry David pensando estar ante otro Trump mientras la derecha conservadora española se crea Trump pero homenajee a Larry David, clamando contra la adquisición de otro derecho social que luego, cuando vuelva a gobernar, no suprimirá. También es tiempo suficiente para convocar dos elecciones autonómicas y que Jácome avance su próximo voto, en un gesto que puede servir de finísimo homenaje al título de la finísima película ganadora de los Óscar o para que el alcalde ourensano continúe recorriendo el camino inverso al de Santiago Abascal: de competidor del PP  pasó a socio y ahora ya es fiel votante. Lo próximo será ponerse una foto de Aznar en el perfil del Whatsapp y terminará afiliándose a las Nuevas Generaciones.