Opinión

Las desgracias de este mundo

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Las desgracias de este mundo

Por si era poco la actual pandemia parece que estamos abocados a un gran cúmulo de desgracias una tras otra. La del Líbano y el conflicto de Oriente las mayores.

Para empezar en Andalucía aparece otra epidemia “La fiebre del Nilo” que desconocemos aún a donde nos va a llevar. Pero además surge en España el problema de los “Okupas”, el PIB sufre la mayor caída, crece el paro con una economía que va mal, algunos inmigrantes parece que son portadores del covid-19, sanitarios infectados, el gasto del gobierno está subiendo y además se han dado donaciones millonarias a Bill Gates…

Todo ello hace que, aún cuando quisiéramos ser optimistas la realidad pretende, o nos lleva por otros derroteros. Esta es la realidad. Pero nos resta la esperanza para cuantos tenemos fe. Ya lo decía San Pablo hablando de la serie de problemas que tuvo que superar incluyendo azotes y peligros de todo tipo (2 Cor.11,16-33):

“Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da bofetadas. Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles. ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo. ¿Son ministros de Cristo? Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez. En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme; y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos”.

Todo eso sufrió Pablo de Tarso, él que era por naturaleza optimista y que habló de la alegría en varias ocasiones. Y esta doctrina cristiana es la que nos estimula para afrontar hoy los peligros que nos acechan. Hay un pasaje en el Evangelio de San Juan (Jn.14,1-6) que es estimulante. Son palabras del mismo Cristo cuando nos dice que Él “es el camino la verdad y la vida. No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en Mi”.

Es el consuelo que nos resta a cuantos tenemos fe en un ser que es Dios además de ser hombre en todo como nosotros menos en el pecado. Su doctrina la refrendó con su muerte y con su triunfante Resurrección. Esto es lo que nos espera en momentos para ejercitar la calma, la paciencia y sobre todo la esperanza gozosa.