Opinión

La familia ante el Corpus

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La familia ante el Corpus

En este día de Corpus vienen a nuestra memoria tantas y tan recordadas procesiones en todo el mundo. Desde Toledo, donde lucen la mejor custodia del mundo, hasta el más pequeño pueblo el Cuerpo de Cristo sale a recorrer nuestras calles. Eran familias enteras las que se sumaban a los cortejos procesionales. Un día para la familia sin duda alguna que honra y adora a la Eucaristía en la que Cristo, como Dios, no sólo está como está en todas partes sino que es el mismo Dios con su Cuerpo , Sangre, alma y divinidad. Hace un tiempo, el arquitecto ourensano Gallego Jorreto, en una entrevista, lanzó una idea que muy bien debiéramos tener en cuenta. Decía el de Carballiño: “La vivienda es más que un sitio para comer y dormir”. ¡Cuánta razón! Posiblemente muchos de los males de las familias de hoy en día vienen precisamente de olvidar este principio básico ayer, hoy y siempre.

Porque en realidad para muchos es poco menos que un hostal al que se llega con el tiempo justo para comer y muchas veces malhumorados porque el trabajo y la vida diaria dificultan la convivencia. Prácticamente ni se habla: primero se enciende la tele, los jóvenes van a los juegos en internet y cada uno a su ritmo. Así se ignoran los problemas de todos los que comparten la misma mesa. Con un caldo de cultivo así son lógicos los divorcios y hasta el desquiciamiento de los más jóvenes que presencian discusiones a veces graves y rupturas de la convivencia.

Conozco familias que imponen la norma de apagar la tele e internet y se dejan los móviles y el dichoso Whatsapp al que se prenden todos privándoles del necesario diálogo. Así llega a fin de curso y los padres se enteran de los derroteros de sus hijos. Hace unos años se extendió la idea de que a los alumnos les llega el tiempo que están en el colegio sin necesidad de mandar “deberes” para casa que son muchas veces la causa de la falta de diálogo. Y si además se les matricula en materias extraescolares ¿cuándo hablan con sus padres en casa? Bien creo por ello que la idea de Jorreto tiene toda la razón. Porque soy de los que piensan que el ritmo de la sociedad lo marca la familia. Si anda a la deriva, las consecuencias las va a pagar la misma sociedad. 

Como muy bien sabemos, los santos son intercesores. En este día de Corpus es un momento para el culto de Latría que es el de adoración a Dios. Y sobre todo para pedirle que bendiga nuestras calles y a sus habitantes y en concreto que proteja a las familia que tanto lo necesitan.

Permítanme que termine recordando ¡una vez más! a don Rogelio Vázquez Ascariz, a quien me encomiendo siempre porque creo en su santidad. Mañana se cumplen 57 años de su fallecimiento. ¿Para cuando el Cabildo y la Diócesis abrirán el proceso de beatificación para quien fue penitenciario de la Catedral y gran profesor de moral? Los que lo conocieron creían en su santidad, como el médico José Sueiro que no dudó en certificar un posible milagro.