Opinión

El Papa, con Santiago

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El Papa, con Santiago

Siguiendo el solemne ritual indicado para el caso y con las restricciones a las que obligan la situación actual, se ha abierto la Puerta Santa en Santiago, acto minuciosamente seguido tanto por los participantes como a través de los medios de comunicación en esta ocasión muy numerosos y de varias partes del mundo. Allí estaban el arzobispo, el nuncio y un numeroso grupo de arzobispos y obispos sin faltar el cardenal Rouco, otrora prelado de la metropolitana gallega. He seguido la ceremonia, que ha tenido ingredientes muy considerables. Acaso el fundamental sea la sensibilidad del papa Francisco que ha prologado un año más el Xacobeo que en esta ocasión será los años 2021 y 2022, algo aplaudido y muy valorado tanto por la Iglesia como por las autoridades civiles.

Muy interesantes tanto la carta del papa como la homilía del arzobispo Julián Barrio, al que se veía emocionado. La misiva papal fue leída al comienzo por el nuncio Bernardito Auza. En ella revela el pontífice un perfecto conocimiento de la realidad del Xacobeo, resaltando todos los pormenores que lleva consigo el Año Santo. Afirmó: “Al llegar a la Puerta Santa, tres gestos nos recuerdan el motivo de nuestro viaje: contemplar en el Pórtico de la Gloria la mirada de Jesús, abrazar al Apóstol y participar en la Eucaristía y sentirnos pueblo de Dios que hace de sus tradiciones un cántico de alabanza. Mi afecto y cercanía a todos los que participan en este momento de gracia para la Iglesia, y en modo particular para la Iglesia en España y en Europa”.

Igualmente hizo alusión al Camino al resaltar: “Al ponernos en camino tras las huellas del Apóstol salimos de nuestro propio yo, de esas seguridades a las que nos aferramos, pero teniendo clara nuestra meta; no somos errantes que giran siempre en torno a sí mismos sin llegar a ninguna parte. Caminar es un proceso de conversión y, recordando a Manuel Machado, ‘se hace camino al andar”. Y que “no hay recetas previas. Peregrinar debe ser para nosotros un caminar al paso con el que es Camino, Verdad y Vida, con Aquél que quiere entretenerse con nosotros, para ofrecernos su compañía y mostrarnos el sendero de la vida que supone el esfuerzo de ir ligeros de equipaje, sin apegos, y vivir en continua tensión hacia ese anhelado encuentro con el Señor. Caminar al lado de otros nos ayuda a reconocer en el prójimo un don que Dios nos entrega para acompañarnos en este viaje y unirse a otros hace bien y esta experiencia se fragua en el camino, la hacen los peregrinos todos los días, esperándose, apoyándose, compartiendo fatigas y logros”.

Y finaliza recordando: “La peregrinación a la tumba del Apóstol se convierte en una llamada a la misión. Y evangelizar supone saber de pan y hogar, la patria prometida que no es un ideal utópico sino una meta concreta, conocida, recordada, una calidez que nos acompaña y espera. La calidez del hogar nos hace creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y del cariño, de la encarnación. El peregrino es capaz de ponerse en manos del don de Dios. Con el emotivo abrazo a la imagen del Apóstol, el peregrino se abraza a la Iglesia entera que no es una institución abstracta”. Y terminó con un ruego: “Y, por favor, no se olviden de rezar por mí”.

Todo un plan venido de la sede de Pedro, para estos dos años jubilares en los que todos los caminos llevarán a Compostela. Recordemos que de los tres Santuarios de la Iglesia (Roma, Jerusalén y Santiago) únicamente el gallego posee varios caminos que sin duda fueron los artífices de arte, cultura y fe y que contribuyeron a la configuración europea. 

Otro día esperamos poder comentar la homilía del arzobispo que marca las pautas a seguir en este singular evento.

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