Opinión

¿Quién hace milagros?

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¿Quién hace milagros?

En el fondo me da la impresión de que a muchos de los cristianos les falta un sólido fundamento basado en contenidos ciertos y seguros. Nunca una fe presa de alfileres que, a cualquier viento que sople, vuela a Dios sabe dónde. De esta situación se han beneficiado y benefician incluso sectas increíblemente fuera de lugar. Les pongo siempre a mis alumnos el pasaje de la curación del paralítico que recogen los evangelios en diversos lugares, como San Marcos en el capítulo 2. Eran inteligentes aquellos de la sinagoga cuando reaccionaron lógicamente.

Cristo comienza diciéndole “perdonados son tus pecados”, lo cual escandalizó a aquellos judíos. “¿Quién se cree que es éste? Solo Dios puede perdonar pecados…” Muy sabia la respuesta de aquella gente. Tuvo que decirles el Maestro que Él era Dios y lo hizo con un claro ejemplo: “¿Qué es más fácil decirle a éste: tus pecados son perdonados o decirle: toma tu camilla y vete a tu casa? Pues para que veáis… dijo al paralitico: ‘Levántate coge la camilla y marcha a tu casa”.

Es un pasaje muy claro como lo son las palabras a Pedro en medio del mar. El primero de los apóstoles le dice que caminar encima del agua va a ser difícil. Bien sabía Cristo que era necesario el milagro para que Pedro llegase a la orilla caminando sobre las aguas. Pues muchas veces olvidamos que quien en verdad puede y hace milagros solamente es Dios y Cristo, si los hace, es porque Él es tan Dios como el Padre y como el Espíritu Santo. Por eso es necesario recordar que ni los santos, ni incluso la Virgen, hacen milagros. A lo sumo interceden por su cercanía con quien los puede hacer. Y esto debiera recordarse continuamente en santuarios o lugares de veneración de cualquier santo. Son muchos los milagros que, por intercesión de los santos, se logran siempre. Incluso las canonizaciones necesitan constatar milagros para elevar a los altares a algunos fieles.

Todos tenemos muchas experiencias de favorables intercesiones de algunos personajes que ya están en la otra vida. Personalmente estoy convencido de su ayuda en momentos difíciles. Acudimos a aquellos que creemos en el cielo en lugar privilegiado. Si me dejan que les sea sincero, les diré que muchas veces me encomiendo a la intercesión de un santo sacerdote ourensano con quien nunca coincidí en vida pero que sé muy bien de su santidad.

Era el penitenciario de la Catedral don Rogelio Vázquez Ascariz. Nunca voy sin su fotografía y una reliquia que conservo como oro en paño. Y estoy convencido de que, por su intercesión, Dios le hizo un gran milagro a la Sierva de María, la llorada sor Luisa, como certificó en su día un fallecido médico ourensano, José Sueiro. Falta que, quienes le conocieron en vida, lo tomen en serio y pidan introducir su causa. El primero de ellos, el Cabildo de la Catedral, al que perteneció.

Así lo creo y se lo cuento.