Opinión

Un mes fundamental

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Un mes fundamental

Lo fue el mes de mayo pero en Ourense lo es también septiembre. Un mes dedicado a la Virgen María que en estas tierras es algo fundamental. Se habla de Andalucía pero Ourense está a la altura en la devoción mariana. Es el pueblo el que la ama, la honra y venera de manera muy especial. Incluso en este año tan complicado.

Estamos viendo como se preparan en toda nuestra geografía para celebrar el 8 de septiembre festividad de la Natividad de María de formas muy diversas para cumplir a rajatabla las normas sanitarias. Son incontables los pueblos, las parroquias ourensanas que podemos resumir sobre todo en Los Milagros, el Portal, Los Remedios, la Armada, Clamadoira, el Cristal (¿cuándo aparecerá la verdadera imagen?). Y esta devoción tiene una base que respalda la Iglesia. Es Madre de Dios desde la Anunciación y es nuestra madre desde que Cristo nos la dio a todos, representados en San Juan, desde la cruz.

Madre de Dios. El Concilio de Éfeso se celebró del 22 de junio al 16 de julio del año 431 en el antiguo puerto griego, en la actual Turquía. El III Concilio ecuménico como lo reconocemos los católicos, ortodoxos, anglicanos y coptos, como reacción al apolinarismo, que propugnaba que el Verbo se habría encarnado tomando solo cuerpo pero nunca alma humana. En Antioquía se comenzó a proponer que las naturalezas humana y divina en Cristo eran completas a tal grado que formaban dos sustancias independientes, dos personas en definitiva. 

Al monje Patriarca de Constantinopla, Nestorio, en el 428 se le pidió intervenir en un tumulto causado por un monje que negaba la maternidad divina. Explicó el patriarca que María era madre de la naturaleza humana de Cristo y que, por tanto era Madre de Cristo pero que era un error llamarla “madre de Dios”. 

Pero Cirilo de Alejandría luchó contra Nestorio, en las rivalidades entre las escuelas de Alejandría y la de Antioquía. La respuesta de Celestino (430), tras pedir nuevamente consejo en un sínodo celebrado en Roma,1​ fue dar plenos poderes, como delegado suyo, a Cirilo y escribir a Nestorio para que se sometiera a la doctrina que Cirilo le presentaría como ortodoxa. Es madre de toda la persona, la 2ª de la Santísima Trinidad, el Verbo hecho hombre.

Ese mismo año se celebró otro Concilio en Alejandría, que Cirilo presidió y que dio como fruto los célebres anatematismos. Nestorio acudió al emperador, Teodosio II quien, para evitar conflictos mayores, decidió convocar un concilio. Escribió al papa para comentarle su idea y éste le prometió que enviaría sus legados y en Éfeso se debatió sobre la naturaleza de Cristo dada la negación de los nestorianos a la unicidad de la naturaleza de Cristo prevaleciendo la naturaleza humana sobre la divina, por lo que María nunca debía ser considerada Madre de Dios (Theotokos), sino sólo "Madre de Cristo" (Khristotokos) ya que había dado a luz a un hombre en quien la divinidad había ido a habitar. El Concilio fue contundente y desde entonces la Virgen es considerada Theotokos de manera clara. La madre del médico, por ejemplo, lo es de la persona y del profesional sanitario que es el mismo.