Opinión

Bromeando a ser comunista

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Bromeando a ser comunista

Sentir debilidad por las izquierdas en los años cuarenta era delicadísimo. Peligroso. Para caer en desgracia bastaba pararte a escuchar la radio y contar luego que sintonizaste la Pirenaica, Radio Moscú o algo que sonara a comunismo. Controlar los medios informativos era vital para adornar las ventajas del Régimen y por eso, todas las emisoras de provincias tenían que conectar a las dos y media y a las diez de la noche con Radio Nacional de España, hora en que emitía el programa nacional y que de manera familiar se le llamaba “el parte”. 

Pero claro. Todos conocíamos a los disconformes. Había que vivirlo mucho para presumir de ello, o más bien, “estar un poco… o bastante jamado”. Como el caso del Ribadavia, mozo de carga y descarga en quien se mezclaba su inocencia personal con simpatía soviética y se alardeaba de ello… Vamos, él “vivía en otro mundo”.
En el café Lisardo había un gran aparato de radio en la barra, que las calurosas tardes de verano, sin espectáculo, aportaba ambiente. Aquel día el espectáculo fue creación personal do Robles: “Cando chegue o Ribadavia decirle que o estiveron chamando de Radio Moscú; que do demáis, encargome eu” . Y se metió debajo del mostrador con una jarra vacía sobre la que hablaría para que su voz sonara con eco.

Tan pronto llegó: “Ribadavia, Ribadavia, estiveronche chamando de Radio Moscú”. El personaje se puso pálido, sorprendido, lo acercaron al aparato y Robles, escondido, comenzó: “Radio Mosú transmitiendo en directo para Puente Canedo, en la provincia de Orense. Allí vive un español que tiene una gran simpatía por nosotros y tratamos de hablar con él… Ribadavia, Ribadavia, ¿estás ahí?”. “Estou, si señor!”. “Mucho nos alegra escucharte. ¿Recibes nuestro mensaje?”. Y Ribadavia callaba, acobardado, sin saber que decir, por lo que le apuntaban los otros: “Berralles que si, que escoitas”; y les suelta: “Escoito si señor, saludos camarada! ¡A tus órdenes camarada!”. “¡Pues di conmigo, Ribadavia: ‘¡Viva Rusia!”. Y a media voz contesta: “Viva Rusia!”. Robles, debajo del mostrador…”¡Mucha mas energía Ribadavia… Viva Rusia”, y casi poniéndose en puntillas, el otro suelta: “¡Viva Rusia!”. “Espera, camarada, pero como no te vemos… ¿alzaste el puño para saludar?”. “Perdón camarada, que non erguín o puño, pero fago agora. Viva Rusia!”. Ribadavia temblaba, pálido. Y Robles remató: “¡Gracias por tu ejemplo para todos los españoles que simpatizan con nosotros, ejemplar comportamiento de este gallego de Puente Canedo, un abrazo desde Moscú!”. 

Todos le felicitaban. Y de pronto dice Ribadavia: “E se me escoitaron os grises?” Y le tranquilizaron: “Como che van escoitar os grises que eles non escoitan Radio Moscú? Teñen-no prohibidisimo. Van á carcel!” Y Ribadavia quedó feliz y conforme.