Opinión

Bueno, ¡y de la plaza, qué?

Opinión

Bueno, ¡y de la plaza, qué?

Doy por hecho que tú sabes de que van estas historias pontinas. Son hechos, bromas, picardías de escasa relevancia que tenían lugar a la derecha del Miño, a su paso por estas tierras ourensanas. En concreto, en Puente Canedo. Una superficie discretamente poblada, que empezaba en las orillas del río y acababa, carretera adelante, allá por Santa Cruz de Arrabaldo y limitaba con los concellos de Coles y de Amoeiro. No teníamos edificio propio, pero improvisábamos lugar de trabajo para nuestro alcalde y sus concelleiros. Hasta que se ubicaron en lo alto de la recién construida Plaza de Abastos, que es posible que no conozcas. Entrando por el Puente Viejo, a la mano derecha, hay un amplio edificio que fue eso, Plaza de Abastos.

 Pero que ahora, por unas cosas o por otras, entró en obras y parece ser que tiene todos los puestos recién construidos, pero no se ponen de acuerdo a quién demonios van a ir a parar. Lo bonito del caso es que no hace mucho, cuando el revoltoso alcalde Jácome estaba en la oposición, pedía que se lo dejaran a él, que en pocas semanas tenía los tales puestos adjudicados. Pero ahora que, con el apoyo de sus amigos en la Corporación, el que manda es él, siguen los tales puestos, compuestos y sin novia. Parados. No tienen dueño. Lo cual supone un misterio.

A mí no es que me preocupe. Porque sigo insistiendo en algo que apunté hace meses, bastantes meses. Es un lugar idóneo para disponer en él de un salón de actos, exposiciones, reuniones, espectáculos teatrales, repartido y diseñado para un mejor aprovechamiento que ser complemento de las carnicerías y pescaderías que ya tienen los vecinos al lado de casa en el supermercado más próximo.

Pero quizás sea una prueba más de que hay que tener cuidado con la gente que se lleva a las corporaciones, ya que si no estaba claro que iba a seguir siendo Plaza de Abastos, ¿por qué se hizo otra con toda clase de servicios? Porque ahora no es eso, pero tampoco es otra cosa; porque para que sea eso, otra cosa, hay que derribar lo que se ha construido y está sin estrenar y… ¿cómo se justifica eso?

Bien, pues allí está todo lo que en las dos amplias plantas existe, y que buena mayoría de los pontinos supone, pero que sin duda lo que más utiliza es la oficina municipal. Los de Ourense en los años cuarenta nos absorbieron, porque les gustaba nuestra estación y no digamos la de Orense-Empalme y, por supuesto, la que vamos a tener dentro de unos años. Pues a ver si hay suerte y los que disfrutamos de niños, mayores y abuelos de las dos anteriores, llegamos a ver la nueva, último modelo (?).

Bueno, pues eso. Mientras esperamos que resuelvan os seguimos contando cosas de aquellos viejísimos tiempos de la posguerra. A ver si teatro, cine, salón de actos, reuniones, conferencias, etc. nos vuelven con carne, pescado y verduras.