Opinión

Fiesta Nacional

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Fiesta Nacional

El 12 de octubre sigue siendo fiesta nacional… de momento, porque en este país tan cambiante nunca se sabe. En cuanto a las formas de denominar esta fecha, ha sufrido evolución: Día de la Raza -hoy políticamente incorrecto-, Fiesta de la Hispanidad y ahora sólo como tal Fiesta Nacional -claro que los maños están más exultantes como la Fiesta del Pilar-.

En pleno siglo XXI y, más específicamente, en el último año, esto de las celebraciones nacionales está condicionado por la cultura política de cada momento y, más aún, de cada lugar. Es obvio que no es lo mismo celebrar el 12 de octubre en Zaragoza que un poco más arriba de nuestro mapa geográfico y político.

Tradicionalmente, la conmemoración del 12 de octubre se enmarca en un desfile militar y una ceremonia que ofrecen los reyes, quienes organizan una recepción oficial en el Palacio Real a la que invitan a representantes de los distintos estamentos de la sociedad española. Lo que ha ocurrido este año es que debido a la situación epidemiológica que ha provocado el covid-19, el formato de esta celebración se minimizó y únicamente se centró en un acto castrense desarrollado en la Plaza de la Armería de dicho recinto, ciñéndose al izado de bandera, homenaje a los que dieron su vida por España, una imposición de condecoraciones y un breve desfile terrestre.

Por supuesto que uno de los movimientos protocolarios de esta celebración ha sido el recibimiento a la Familia Real con los correspondientes saludos, lógicamente, ninguno físico. Y ha sido precisamente esta imagen la que todos estaba buscando, para saber cómo los miembros podemitas del Gobierno, republicanos confesos, correspondían a los saludos del rey en el momento que éste recorría la línea de salutación donde estaban los altos representantes de los poderes del Estado. Pues bien, como no podía ser de otra forma, el líder de la formación morada y vicepresidente del Gobierno y quien enarbola su cruzada contra la monarquía -olvidando que él mismo está en una cámara legislativa de una monarquía constitucional-, se limitó a hacer un mínimo movimiento de cabeza, como quien se encuentra con alguien por la calle, y obviamente, nada del gesto protocolario que se suele hacer cuando se saluda al monarca.

A todo esto, el único saludo convencional que hubo fue el que dio Felipe VI, estrechando la mano a los miembros de las Fuerzas Armadas que condecoró y en representación de todo el personal militar que participó en la “Operación Balmis” en la primera ola de la pandemia. Fue un saludo “profiláctico”, dado que todos iban con guantes de gala.