Opinión

Imagen mediática

Opinión

Imagen mediática

Ya se sabe que esto de los debates políticos televisados conlleva una alta dosis de excelencia en la imagen personal de sus participantes. Todo un ejército de colaboradores y asesores “protegen” al candidato con el propósito de que den la mejor imagen en su comparecencia pública y porque hay otra pléyade de profesionales y expertos que mantienen que esa imagen que generen va a tener de alguna manera influencia entre sus potenciales votantes.

Esos equipos incluso acuden previamente al espacio donde se instalará el plató y una vez supervisado rubrican el pertinente documento que contiene las reglas que regirán el debate. Está todo consensuado y pactado desde las fotografías “de familia” hasta el momento de abandono del lugar. La cuestión es que todos estén “a gusto” y que nadie se sienta discriminado y por eso hay que cuidad hasta el más mínimo detalle, por muy superficial que pueda parecer. Se regula el orden de llegada y el de salida, en función de la precedencia que impone su representación parlamentaria. Así, el primero en llegar fue el líder de Vox y el último el presidente del Gobierno en funciones y, a la salida, se invirtió.

Los comparecientes, es más que obvio que llevan estudiado al milímetro desde su discurso, y por lo tanto la oratoria a esgrimir, hasta las formas desde el mismo momento que llegan al recinto donde se celebra el evento -en este caso el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo- y porque saben que sus movimientos van a ser escrutados con lupa y posteriormente analizados y que hoy en día se hace al instante, cosas, ya saben, de las redes sociales que se han convertido en catalizadores instantáneos de la actualidad, aunque no siempre emanan credibilidad, lamentablemente.

Y por eso los participantes en este show mediático buscan gestos que les inmortalicen o que produzcan el efecto recuerdo. Hablamos de la llegada en taxi -además conducido por una mujer- de Pablo Iglesias, o el adoquín que exhibió Albert Rivera -al margen si se le colocaba o no un alzador en su atril- aludiendo a los enfrentamientos en Barcelona de la policía con los independentistas. Y por supuesto, luego está el estilismo en el vestuario de cada uno.

Y es que a excepción de Santiago Abascal, todos llevaron corbata… incluyendo a Pablo Iglesias quien, acorde a su línea informal, lucía corbata negra, abrigo y vaqueros, si bien el nudo de aquella dejaba bastante que desear. Tanto el líder del PP como el del PSOE y el de Ciudadanos, iban impecables y fieles a su corte clásico y corbatas afines a sus gustos: Rivera con el dibujo de flechas con tres puntas, Casado corbata azul y Sánchez morada con topos blancos en lugar de la roja que exhibió en otras ocasiones.

En fin, un escaparate de vanidades vendiendo el producto de temporada.