La dependencia del móvil

La dependencia del móvil

No es la primera ocasión, y seguro también que no será la última, en la que hacemos referencia a la preocupación del papa Francisco respecto a nuestros jóvenes. Aprovecha cualquier momento para mandarles un mensaje. Por ejemplo, ocurrió durante un encuentro con los estudiantes de un instituto público de Roma y a quienes recibió en el Vaticano.

Entre otras exhortaciones, el pontífice dejó clara su postura respecto al uso, y muchas veces más bien abuso, del teléfono móvil. Fue tajante: "¡Liberaos de la de dependencia del móvil! ¡Por favor!". Y continuó precisando que los teléfonos móviles son un gran progreso, y son de gran ayuda, y hay que usarlos, y subrayó que si uno se convierte en esclavo del teléfono pierde su libertad. El papa explicó a esos jóvenes que hay muchos tipos de dependencias, como la dependencia de las drogas, y por ello aseveró que también "el teléfono móvil es una droga" que "puede reducir la comunicación a simples contactos".

Por ello pidió evitar ese uso abusivo del teléfono, añadiendo: “La vida es comunicar y no solo simples contactos", y luego destacó la importancia de mantenerse comunicados; no obstante, añadió que “la vida no solo significa tener contactos". El pontífice abordó un tema que ciertamente se ha convertido en una problemática social. No estamos refiriéndonos al hecho de que los jóvenes -como los adultos- estén constantemente “pegados” al móvil, dado que se ha convertido en un apéndice más de nuestra personalidad, con la incidencia negativa que tiene en la comunicación humana, estamos hablando de lo pernicioso que resulta el móvil cuando a través del mismo se registran acosos.

El ciberacoso se ha convertido en un tema cuasi cotidiano en nuestra sociedad y tal y como en su día había alertado la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, es “una forma de ejercer la violencia de género en la juventud y supone un riesgo en la sociedad de la información y del conocimiento”. Pues bien, es precisamente el teléfono móvil uno de los principales resortes y donde se prodigan amenazas e insultos y vejaciones. Y ese mismo organismo, en un amplio informe, dejaba constancia de que los jóvenes tienen una percepción del riesgo muy baja, pues más de uno de cada cuatro adolescentes (el 28,1%) no consideran conducta de riesgo responder a un mensaje en el que le insultan y una proporción similar asegura que colgaría una fotografía suya que sus padres no autorizarían.

El objetivo fundamental es que los padres se impliquen en esta atención sobre los hijos, de estar expectantes, de inculcarles los valores esenciales como ciudadanos para que aprecien lo positivo y lo negativo del uso -o abuso- de estas nuevas tecnologías de la comunicación y que les permita establecer una comunicación social antes que un aislamiento.