Opinión

O Afiador: Un plan fracasado

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O Afiador: Un plan fracasado

Uno de los memes más de moda en estos días es el que dice que si los científicos consiguieran una vacuna que fuera compatible con el morapio o la cerveza, estaríamos todos vacunados en menos de una semana con solo abrir al público los bares, los restaurantes y las cafeterías. Los españoles somos muy de este tipo de establecimientos, y si nos quitan eso nos quitan la sal de la vida. En algún sitio leí una vez que en la zona madrileña marcada por la calle de Atocha hay más bares que en todos los países nórdicos juntos. Eso fue más que posible antes de la pandemia. Ahora por desgracia no ocurre así, porque la mitad de esos florecientes establecimientos ha tenido que echar el cierre. No se lo merecen y tengo yo mis dudas de que tengan alguna responsabilidad en el crecimiento de los casos de contagio, pero así es la vida y así hay que afrontarla. Si además contáramos con una administración competente quizá se acabarían la mayor parte de nuestros problemas.

Desgraciadamente el caso de los bares no tiene un remedio inmediato, pero podría haberlo en esta misión de proveer de viales de vacuna a los profesionales que tienen que inocularla. El operativo está funcionando muy mal y está mostrando de nuevo las costuras de un sistema de distribución territorial que ya se mostró insuficiente en los primeros días de la infección allá por el mes de marzo. La gestión de la pandemia entonces y hoy su logística en la distribución del medicamento para combatirla depende de los gobiernos autónomos, y se está demostrando bien a las claras que no funciona. No funcionó entonces y no funciona ahora. El Gobierno, refugiado en su trinchera, ha resuelto no inmiscuirse en la coordinación de este dispositivo del que dependen tantas vidas y le ha traspasado la gestión a los gobiernos regionales, la mayor parte de los cuales no tienen ni los medios, ni la preparación logística para abordar semejante plan de actuación. Margarita Robles, que de vez en cuando aparece por la garita y es de los pocos miembros del gabinete de Sánchez que da la cara, dice que el Ejército está listo y que se lo pidan. Pero al parecer no se lo pide nadie. No se entiende.
A lo mejor si el reparto se lo hubiéramos encargado a los Reyes Magos estaríamos ahora mucho mejor de lo que estamos.

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