Opinión

O Afiador: Los renuncios de un ministro

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O Afiador: Los renuncios de un ministro

La Justicia ha decidido no inculpar penalmente al ministro José Luis Ávalos por su participación en el episodio protagonizado por la vicepresidenta de la República de Venezuela cuando, contraviniendo la sanción impuesta por la Unión Europea, pisó suelo español en enero. La Justicia interpreta que, si bien la representante bolivariana quebró la orden de no admisión en territorio comunitario que pesa sobre ella por vulneración de los derechos humanos, el ministro no cometió acción susceptible de tratamiento penal sino que debe responder de sus actos en un foro de control político. Es decir, Ávalos no actuó bien pero no es un tribunal quien debe revisar su comportamiento sino sus propios compañeros del Parlamento.

Sorprende una decisión como la expuesta por el Tribunal Supremo teniendo en cuenta que el ministro ofreció de esta situación hasta cinco versiones diferentes que se iban solapando a medida que trascurrían los días. La sarta de contradicciones en las que incurrió el titular de Fomento convirtió aquella visita en un sainete. Urgido por las exigencias de la opinión pública, y acosado por la oposición en el Congreso, fue modificando su versión hasta seis veces entre los días 24 y 28 de enero, es decir, casi a versión por día. La primera de ellas negaba tajantemente que la vicepresidenta Rodríguez hubiera circulado por nuestro espacio aéreo. Ávalos reconoció más tarde haber llegado a Barajas de madrugada para recibir al ministro Pastor que era amigo suyo. La segunda cuenta que Marlaska le llamó para comunicarle que Exteriores le había avisado de la presencia en el avión de Rodríguez y le rogaba que no bajara a tierra, extremo este que se cumplió. Ávalos afirmó en la tercera que había evitado una grave crisis internacional confesando que se había visto con Rodríguez. La cuarta mentira reconocía haber estado con la vicepresidenta venezolana durante veinticinco minutos. La quinta y última, aceptaba que Rodríguez había bajado del avión y que se habían visto a pie de pista. La verdad demostrada más tarde es que Delcy Rodríguez pasó varias horas en la sala VIP del aeropuerto de Madrid camino de Turquía. Ávalos mintió cinco veces y eso, en cualquier país serio le hubiera costado el puesto. Simplemente por mentir, aunque los tribunales lo absolvieran. Un ministro mentiroso no es creíble.

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