Opinión

El enigma de los enigmas

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El enigma de los enigmas

Entre los enigmas históricos que me acogotan, existe uno que siempre me ha parecido más inexplicable por mucho que he intentado desentrañarlo. Es simplemente, por qué la izquierda española posterior a la II República se ha empeñado en auspiciar, proteger y defender las causas nacionalistas. Nunca entendí tamaño disparate, porque si existe un prototipo conservador, xenófobo, meapilas, capitalista y anti obrero en el mundo mundial ese es el del nacionalismo burgués prendido en las dos demarcaciones que han dado en llamarse autonomías históricas. Es decir, Cataluña y el País Vasco. La clase trabajadora allí era foránea, vivía en colonias periféricas en situaciones infectas, padecía el desprecio de los patronos –todos ellos insensibles, todos ellos insaciables, que los llamaban charnegos o maquetos según donde tiranizaban- mientras bajaban al tajo vigilados habitualmente por matones armados hasta los dientes, a sueldo de los patronos y vigilantes de que nadie se desmandara.

Los catalanes constituían clanes familiares de misa diaria y palco en el Liceo, unidos por la continuidad de la fábrica. Su semilla había nacido ideológicamente bajo las bóvedas de las iglesias a finales del siglo XVIII, y en su expansión, se apropió en el XIX del nacionalismo romántico de mosén Verdaguer y otros tiernos visionarios inspirados en la épica de Walter Scott, urgido por la necesidad de hallar una posición fuerte mediante la que hacer presión para afianzar políticas arancelarias, ventajas fiscales, tratamientos favorables y canonjías varias. Es decir, cómo ganar aún más dinero maquillando su ferocidad empresarial con un pretendido ropaje ideológico muy comprometido, muy catalán y muy cristiano. El nacionalismo vasco es casi peor, es hijo del carlismo más intolerante, potencia un tratamiento foral injustificable, y  ejemplifica el posicionamiento más individualista e insolidario. Navieras, altos hornos, maquinaria pesada, fabricas de armas, -servidas por andaluces, gallegos y extremeños- han sido las plataformas donde ha crecido y madurado el cristianísimo nacionalismo vasco de puro en la comisura, abrigo loden verde botella, viajes  galantes a la Francia y palco en San Mamés. Y nada de txacolí, oye. Champán y del caro.

¿Qué hace la izquierda española santificando semejante dislate y abogando por la nación de naciones, el derecho a decidir y otras historias similares crecidas al amparo de semejantes ejemplares históricos? Sinceramente no se me ocurre nada que pueda explicarlo. Que lo expliquen ellos si pueden.