El nacional catolicismo

El nacional catolicismo

Dicen los grandes expertos en la teoría del comportamiento que la íntima conexión a todas luces existente entre la religión y las causas nacionalistas se deposita en la veneración por el sufrimiento, un argumento que pervive íntimamente unido a ambas creencias. Uno de los más enigmáticos preceptos en el ideario de los católicos es su gusto por el sufrimiento, cuanto más atroz más beneficioso. De hecho la primera referencia de la doctrina es su propio creador, aquel profeta enteco y misterioso llamado Jesús que se dejó colgar de una cruz para redimir los pecados que mancillaban el alma de los seres humanos. A partir de esa primera muestra, llegó todo lo demás. Flagelaciones, penitencias, sangre, castigos corporales, instrumentos de tortura propia y ajena, espinas, cilicios, cruzadas y otros horrores.

Las doctrinas nacionalistas creen ciegamente en el sufrimiento como vehículo incomparable para la certificación de sus credos. Dolor efectivamente de pensamiento, pero también de obra que aparece permanente y potenciado en las apologías históricas de cada causa. Aparece con violencia en escenarios decimonónicos, se propone en la causa carlista arrebatada por una religiosidad tan intensa como cavernaria -confesión y comunión antes del combate, fusilamientos salvajes, Dios y los fueros viejos, la virgen capitana de sus huestes, pólvora y agua bendita, saqueos por la causa, curas guerreros, detente bala- y aparece posteriormente en la causa catalana, con mosén Jacint Verdaguer a la cabeza como ideólogo romántico, y toda una parafernalia del nacional catolicismo que sublima el sufrimiento como razón poderosa para alcanzar el fin último: la separación, la libertad y la deseada independencia.

Los actuales adalides de la independencia catalana están en idéntica sintonía, y de siete presos pendientes del proceso, seis se tienen por fervorosos  católicos -todos menos Romeva que todavía no se ha decidido- y han derivado desde posturas de exigencia económica contra el gobierno central a un estado de misticismo existencial extremo que es el que practican ahora. A Cuixart le han casado en la trena tres curas, Junqueras exhibe en público ante el tribunal su mansa beatitud de palabra y obra, González asistió al apuñalamiento de un preso asistiendo a misa, y Font viene místico de antes. Ay Señor…