Opinión

El presidente bruto

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El presidente bruto

El presidente de los Estados Unidos nos ha acostumbrado a liarla por donde quiera que va. Su viaje al Reino Unido, país de referencia en el acerbo de su país y cuna histórica de sus mayores, no ha dejado indiferente a nadie y menos a los británicos. Al polémico cruce de reproches mantenido con el alcalde de Londres –ciudad en la que ha sido recibido por la reina Isabel y toda la familia real y de cuyas recepciones se ha borrado el Mayor visiblemente cabreado- hay que añadir sus opiniones sobre el Brexit, sus declaraciones completamente disparatadas en torno a las cuestiones internacionales, y en definitiva todo un amplio abanico de estupideces y fanfarronadas que distinguen al sujeto allá donde aterriza. Una multitud de ciudadanos hastiados de sus inconveniencias se ha ido manifestando en su contra a lo largo de esta visita para la que Donald Trump habrá debido prepararse ayudado por sus asesores quienes, probablemente y como primera medida, habrán tenido que señalarle dónde se encuentra la Gran Bretaña en el mapa. Trump es, posiblemente, el presidente estadounidense más atrabiliario e inculto de todos los que han ocupado la Casa Blanca desde el general Washington, y algunos de sus predecesores que respondían a un biotipo similar como Grant, Roosevelt o McKinley al menos fueron presidentes con capacidades para gobernar, aunque muchos de sus hechos fueran abiertamente cuestionables como el caso de este último, que se inventó un infinito número de patrañas para conducirnos a la guerra y masacrarnos vivos en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, quedándose de paso con todas las colonias españolas.

Sin embargo, esta manía nuestra de utilizar lo ajeno para tapar nuestros defectos o disimular nuestras responsabilidades está adquiriendo con Tramp por subterfugio, niveles casi inalcanzables. El ciudadano del castor albino pegado al cuero cabelludo vale para cualquier cosa, y aún ayer leí las declaraciones de la escritora Soledad Álvarez quien afirmaba que, cuantos más sujetos como Trump existan, más necesarias son las ferias del libro, como si un bocazas como él fuera el máximo contribuyente a la edición y venta de literatura.

Trump es un bárbaro, impredecible y peligroso que tiene la culpa de mucho pero no, la culpa de todo. Asumamos cada cual nuestras responsabilidades.

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