Fabricando franquistas

Fabricando franquistas

Sabe usted cuál es motivo del cartel patrocinado por el Ayuntamiento de Barcelona para los próximos carnavales en los Nou Barris?
Una divertida imagen de Francisco Franco travestido de Drag Queen, tiara de plumas sobre su cabeza, su bigote y mirada seria, gran collar de colgantes morados, vestido de abalorios y brillantes gemas al inicio de los pechos.

A la alcaldesa Ada Colau, que tenía un año cuando murió Franco, el cartel le pareció maravilloso y necesario, lo que hace pensar que para sobrevivir necesita evocar a quien ni ella ni muchos otros antifranquistas conocieron porque sólo vivieron en democracia.

Como Pedro Sánchez, que gateaba cuando falleció ese general que ganó una horrible guerra civil y que gobernó implacablemente España por decreto durante 36 años.

Con la ilusionante democracia, poco después de su muerte, quienes habían vivido bajo el franquismo fueron olvidándolo, sobre todo tras el fracaso del golpe de Estado de Tejero, en 1982.

Un cuarto de siglo tras su muerte, al entrar el XXI, había desaparecido de los traumas de los que lo conocieron aquel dictador pequeñito de voz aflautada y con poca oposición por miedo a su policía secreta; aunque también tenía admiradores, y hasta le dedicaba canciones algunos revenidos comunistas, como Víctor Manuel.

Pero en 2006 José Luis Rodríguez Zapatero lo resucitó con su ley de memoria histórica sólo de los perdedores de la guerra, cuando ambos bandos fueron igualmente asesinos.

Desde entonces la izquierda, también paulatinamente, ha ido revitalizando al dictador al extremo de que la última voluntad de Pedro Sánchez como gobernante es remover su actual tumba.

Entre él, otros evocadores del muerto, las chanzas como las barcelonesas que lo hacen simpático, crean curiosidad; y como no fue el mal absoluto, paradójicamente quizás, fabrican niños y jóvenes franquistas.