La opinión de la crítica

La opinión de la crítica

Moderado aficionado al cine y analfabeto en los aspectos técnicos del séptimo arte, me he dispuesto a la visión de varias de las películas nominadas para los premios Oscar de este año, coronando la apuesta con suerte diversa y criterio muy volátil. Mi momento más susceptible de debate ha sido la visión de la película “Roma”, que la mayor parte de los críticos considera como una de las películas más grandes de los últimos tiempos aunque yo me pregunte cómo es posible que obtenga esa consideración y se la tenga por obra maestra, película de culto y todas esa reflexiones que inspiran las cosas grandes. Espectador impaciente, y seguramente criado en un ámbito tendente a desconfiar por norma de las opiniones ferozmente intelectualizadas, “Roma” ha sido para mí uno de esos ejercicios de respeto impuesto y asistencia necesaria, no fuera el demonio que mi condición de espectador iletrado me impidiera catar las excelencias del film y luego tuviera que arrepentirme toda la vida de haber renunciado a su completa proyección y pasara justamente por idiota, inculto y embrutecido, sobre todo para los que interpretan que lo que escriben los expertos en cinematografía y llenan espacio en las páginas de los grandes periódicos va a misa y no puede ser ni  rebatido ni siquiera tímidamente cuestionado. “¿Has visto Roma?” me preguntan algunas de mis amistades como si yo hubiera escrito toda la vida en “Cahier de cinema “Pues, bueno, a ver, esto, verás…” respondo, yo contemplando la punta de mis propios zapatos. “Grande, grande, ¿no te parece? Muy grande” me contestan ellas mirándome a los ojos que para entonces son ya ojos de besugo recién horneado…

Ahora que no nos escucha nadie, confieso que  no pasé del minuto veinte de proyección y que no deseo arrepentirme de nada. Al fin y al cabo, yo no soy Carlos Boyero y apenas puedo explicar lo que es un travelling. El universo de la cinematografía mundial que ha otorgado cuatro estatuillas a la película de Alfonso Cuarón no va a tener en cuenta mis opiniones ni va a mejorar en nada por el hecho de haberme quedado con ella hasta el final. Mi opinión particular no cuenta por fortuna y es justo que así sea. El caso es que a mí lo que me gustan son las de indios y vaqueros. Qué le vamos a hacer.