Las redes y su influencia

Las redes y su influencia

Como ya tengo la edad que tengo, no acabo de entender muy bien cuál es el secreto para dominar las redes ni qué condiciones son necesarias para hacerlo. Antes, admiraba profundamente a los actores porque uno admira más que cualquier otra cosa aquello que no puedo hacer. Yo nunca he sabido actuar, ni he sido capaz de imitar a nadie, ni se me ha dado jamás bien cambiar mi propia voz para parecerme, un suponer, al rey emérito, a Fraga o al fenómeno que dobla a Woody Allen. Por eso sentía asombro infinito ante aquellos que hacen bien todas esas cosas. Al paso del tiempo, he mudado estos sentimientos por los de los influencers en las redes sociales. Como me he ganado la vida durante muchos años escribiendo, no atino a captar las excelencias de crear estados de opinión compareciendo ante las redes sociales y dando prueba de esa presencia a base de heterogéneos manifiestos. Acabo de ver las últimas apariciones de una estrella de este oficio que ha revolucionado las redes haciéndose una fotografía de su propio y divino trasero. Comprendo que un culo es un culo y que los hay desprendidos y los hay estupendos. Pero me cuesta creer que se pueda saltar la banca de las descargas, los memes, las visitas y todos esos signos externos de éxito, con un solo y audaz movimiento. Por eso los admiro todavía más que a los actores. Porque lo que hacen me parece aún más difícil. Y además tengo entendido que da mucho dinero. No me pregunten cómo, pero creo que así es.

Si he de ser sincero, he leído alguno de los blogs que marcan la pauta en este mundo virtual al que para suerte o para desgracia yo ya no pertenezco. Hay que estar muy advertido para moverse con cierta soltura por el ciber-universo. Lo que sí puede afirmar categóricamente es que lo que se escribe tiene a mi juicio un interés muy relativo y no justifica  el interés que suscita. Pero eso es, como comprenderán, lo de menos porque la concepción que yo pueda tener de la calidad o el interés no tiene nada que ver con la que tienen los chicos y chicas de menos de veinte. Hace unos días, en un concurso de televisión le preguntaron a un pavo cómo se llamaban los Beatles. Dijo dos y se quedó tan satisfecho. Seguramente, podrá seguir viviendo tranquilamente con ello.