Opinión

Lo que se dice y cómo se dice

Opinión

Lo que se dice y cómo se dice

Como nos movemos en el cada vez más angosto ámbito de la corrección política, el uso que se otorga al lenguaje está muy vigilado. Ayer y por sorpresa, ese protocolo no escrito pero en condición de extrema vigencia lo quebró a la tremenda Emiliano García Page, presidente de la comunidad de Castilla la Mancha y uno de los representantes más cualificados de la clase media-alta del partido socialista a una edad estupenda para  configurarse un buen porvenir político. Page se gustó a sí mismo en el curso de una comparecencia pública y declaró ante una atónita concurrencia la siguiente y subversiva reflexión: “Yo para Reyes lo que no quiero, como no creo que quiera ningún español y española es vaselina. Queremos tener unos buenos Reyes, un buen 2020 y tener la conciencia tranquila". Como no podía ser de otro modo, una nutrida tropa de mentes biempensantes puso el grito en el cielo porque ahora cualquier manifestación algo salida de madre o que no se ajusta al código del lenguaje correcto incita con carácter irrevertible a poner el grito en el cielo. A García Page lo han puesto a parir en miles de foros.

Page se gustó a sí mismo y declaro: "Yo para Reyes lo que no quiero, como no creo que quiera ningún español y española es vaselina. Queremos tener unos buenos Reyes... " 

Mi modesta opinión es que estamos en una sociedad cada vez más delicada que se la toma con papel de fumar y que está mucho más pendiente de la forma que del fondo. Una evidente ordinariez que suena a palurdo chascarrillo como el que ha pronunciado el presidente manchego, genera oleadas de indignación entre los puristas pero nadie se conmueve ni pide responsabilidades a las instancias correspondientes cuando un asesino etarra utiliza las instalaciones de una universidad para enseñorearse públicamente de unos comportamientos criminales de los que ni siquiera se ha arrepentido. Tras esta gracia burda del presidente castellano hay un fondo político de primera magnitud, y muestra el profundo disgusto de un amplio sector del PSOE por el giro que ha otorgado Pedro Sánchez a sus negociaciones que le permita formar gobierno. Sánchez ha acabado por desesperar a muchos de los más representativos barones de su partido, y no es la vieja guardia la que se rebela contra este disparate sino un sector joven y con carrera por delante que expresa –con más o menos acierto- su parecer ante los hechos. Yo, por mi bien, pondría atención en el significado de este y otros muchos episodios. Me fijaría en lo que se dice y no cómo se dice.