Opinión

El marqués, el mayordomo y el ama de llaves

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El marqués, el mayordomo y el ama de llaves

La última y definitiva sesión de investidura celebrada en el Congreso de los Diputados para cerrar el periodo legislativo previo a las vacaciones, ha concluido legitimando a Unidas Podemos como primer partido de la oposición –ni PP, ni Ciudadanos ni siquiera Vox han sido tan letales con el aspirante Sánchez como el partido que supuestamente estaba destinado a respaldarlo- descalificando por el momento la postulación de Sánchez para erigirse con el empleo de jefe de Gobierno. En las novelas policiacas clásicas el asesino es el mayordomo, que suele estar secretamente emparejado con el ama de llaves y ambos llevan a cabo el delito en sociedad matando al marqués  tras servirle una porción de cianuro diluido en el té de las cinco. Aquí el mayordomo ha sido Pablo Iglesias y el ama de llaves ha sido Irene Montero. Ambos le han puesto matarratas al marqués en la merienda. Para desventura del líder socialista y seguramente de todos nosotros, si en lugar de veneno le hubieran colocado canela fina el relato no habría acabado mucho mejor. La relación entre ambos es tan  tóxica que el gobierno nacido de semejante pacto no podría resistir mucho tiempo sin saltar por los aires, y aún en el caso de que ambos líderes decidieran aguantar lo que hiciera falta con tal de asentarse en el poder, no podrían aspirar a otra cosa que al fracaso.

De todos modos, tanto el marqués como el mayordomo y el ama de llaves deberían repasar el título IV de la Constitución a partir del artículo 99 para percatarse de cómo funcionan los mecanismos que regulan los procesos de investidura del candidato a presidente. Sánchez ha fracaso en su intento de obtener la confianza de la Cámara y la ley explica que, previa consulta con los representantes de los partidos que han obtenido representación parlamentaria, será el Rey y solo el Rey quien proponga candidato. Por lo tanto, la posibilidad de que Sánchez pueda volver a intentarlo en septiembre como parecen empeñados en manifestarlo los políticos que han votado en la Cámara baja, solo depende del monarca. Es él quien tiene la potestad de elegir aquel al que le toca platear su pretensión en el Congreso de los Diputados dos meses después de los dos primeros intentos separados por cuarenta y ocho horas (por mayoría absoluta en el primer intento y mayoría simple en el segundo). Sánchez debería preguntarse seriamente a sí mismo el por qué de este sonado fracaso.