Opinión

La milanesa, principio y fin

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La milanesa, principio y fin

Siempre me ha llamado la atención el origen de las cosas. La raíz de donde parten los asuntos cotidianos. Yo me pongo a hacer cualquier cosa y me pregunto de dónde viene, sea un dicho popular o sea un filete a la milanesa. Hace unos días, trajinando en la cocina, me pregunte precisamente por qué una milanesa se llama milanesa, y, vencido por la curiosidad, dejé el filete embadurnado de pan y huevo en la tabla y me lancé fieramente sobre las teclas del ordenador para averiguar la respuesta. Así, llegue al fondo mismo de la polémica, con algunas fuentes manteniendo el origen lombardo de la preparación y otras que defienden su raíz austriaca, teniendo en cuenta que desde mediados del siglo XIX, el escalope vienés triunfa en el mundo y no es otra cosa que una variante apenas perceptible de la milanesa. Dicen los entendidos, que la presencia de tropas austriacas en el norte de Italia durante el conflicto austro-prusiano en el que el rey Víctor Manuel II se alió con Prusia, propuso la anexión de este plato tradicional saboyano a la culinaria imperial. De hecho, y además de la milanesa, lo que salió de este conflicto fue la anexión temporal del reino de Venecia.

Conocer la fuente de las cosas sencillas es una de las asignaturas pendientes de una sociedad que nunca se pregunta nada, y que supone que todo lo que le sirve, todo lo que utiliza, todo lo que emplea, le han venido de la nada y han brotado como por arte de magia sin proponerse investigar su razón de ser. Si lo hicieran, seguramente serían más felices, porque lograrían entender el esfuerzo permanente del género humano por mejorar la calidad de vida, y la contribución de ilustres mujeres y hombres al progreso gracias a su ingenio, sus habilidades y su capacidad de pensamiento.

No hace mucho, supe de una notable teoría que pretende determinar el origen del cante flamenco. Un andaluz buen amigo me dijo que los historiadores suponen que se originó al remo en las colleras de forzados condenados a la pena de galeras. Como quiera que una buena parte de los presos que cumplían tan horrible pena eran gitanos, fueron esas cadencias y el dolor inhumano de su condición lo que comenzó a dotar sus cánticos de trabajo de una dramática personalidad y de un estilo propio. La teoría no sé si será cierta, pero es un rato buena.