Opinión

O Afiador: La pregunta del millón

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O Afiador: La pregunta del millón

Hace unos días, un amigo de los viejos tiempos, veterano y abnegado militante socialista cuando esas cosas podían acarrear funestas consecuencias y la mayor parte de los de su condición contaban con una celda a su nombre en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, me hacía partícipe de una reflexión que no por sabida me sonó más actualizada y, por supuesto más sensata y más digna de tenerse en cuenta. “Lo peor de todo es que –me dijo observando al trasluz los dorados reflejos de su caña de cerveza- no hay motivo…” y tenía razón. El comportamiento del PSOE impuesto por Pedro Sánchez, no solo no tiene nada que ver con los principios que han construido el ideario socialista desde los tiempos de su fundación en la taberna Labra allá por los años finales del siglo XIX, sino que además y lo que es peor, no hay motivo para modificarlos. Y ese concepto tan sencillo de comprender y tan palmario de procesar es, sin embargo, el punto culminante de todo un profundo y necesario proceso de pensamiento.

La pregunta del millón, por tanto, es por qué Pedro Sánchez ha tomado las esencias de un partido largamente centenario, firmemente aposentado, con hondas raíces y una fuerte implantación, con un ideario perfectamente definido, estabilizado, sólidamente construido, pertinente y necesario, y las ha tirado por la ventana. Es cierto que el PSOE ha necesitado adecuarse a los tiempos, ha enfrentado varios procesos acordes con una necesaria evolución, y ha asumido mutaciones imprescindibles para avanzar en el tiempo. Pero nunca, como ahora, había abdicado de manera evidente y sin cargo de conciencia alguno, de principios hasta el momento inalterables, que definían y enumeraban uno por uno los puntos clave de su ideario social y político. Lo peor de todo sin embargo no es el hecho de haberse desprendido de porciones de naturaleza inalterable que constituían la base de su propia doctrina, sino que no hay razón alguna para ello. La pregunta de mi veterano amigo, formulada al trasluz de una cerveza, es perfectamente pertinente y tan  simple por otra parte, que a casi nadie se le había ocurrido. Va a ser cosa de acudir a las fuentes y preguntárselo a él. Lo malo es que no va a responderla. A lo mejor, ni siquiera se la sabe.