Opinión

Arte en familia

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Arte en familia

Poquito a poco los días se van. Esos días de y para los niños. Fechas festivas que culminarán con la venida de los Reyes. Luego de su visita, tras las sorpresas encontradas en el balcón, a los pies de la cama, o en cualquier otro lugar de la casa, los pequeños disfrutarán ante los presentes solicitados en carta detallada, ya que se supone que han sido buenos y no encontrarán carbón. Eso sucedía mucho antes, en tiempos en los que esa sustancia negra y combustible venía bien para cocinar o calentarse, aunque el de los niños siempre resultaba dulce, muy dulce. 

En fin, después llegará la recogida reservada a los padres, como antes les correspondió la puesta de los preciosos elementos que presidían las fiestas, y que son los belenes, también llamados pesebres, misterios, o portales. Verdaderas aldeas con sus pastores, lavanderas, ríos, palmeras y toda clase de animalillos. Y sobre todo ello, la noche estrellada, con el soberbio castillo de Herodes sobre una empinada montaña. Es un rito para los padres poner el nacimiento en la casa acompañados de los pequeños, y dejarlos hacer, infundirles el sentido de la creatividad, de lo armónico y lo artístico. Despertar la ternura ante una bonita historia, para que la adornen y la disfruten en toda la expresión humanamente infantil. El componer el nacimiento con los padres es algo que posiblemente nunca se olvide por muchas vueltas que dé la vida y muchas circunstancias que alejen del hecho en sí. 

Es la creación de un cuadro, una escultura, un paisaje, un acontecimiento, una fiesta compartida, una huella de la niñez que se enmarca en la calidez del hogar, en compañía de aquellos sobre los que se pone la total confianza, y que por muchos años que pasen, e incluso en la ausencia irreversible, siempre se sentirá la caricia de sus manos. Podríamos extendernos sobre el origen del Belén, la Edad Media, San Francisco de Asís, Italia. Podríamos escribir sobre su significado, la tradición, el arte y la poesía que ha generado durante siglos. Podríamos decir que todos los grandes artistas han plasmado e interpretado sus belenes, llevados por su inspiración, su visión configurada en ellos a través de los siglos, pero siempre con la belleza, la delicadeza, y el amor que todo autor pone en su obra. Pero también cada familia que lo realiza cada año, realiza su irrepetible obra de arte.

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