Opinión

Leer el pensamiento

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Leer el pensamiento

Cada persona es un mundo cerrado, con una ventana por la que miran los demás, pero nunca se llega a ver del todo lo que hay dentro de él. Se atisba algo, se supone, se puede creer que se adivina. Pero eso nunca ha sido. Eso de adivinar posiblemente sea deseo, pero no realidad. Porque esa ventana se abre a voluntad del individuo que deja ver, si acaso, una pequeña parte del contenido interior. Se anda por la calle, se suceden encuentros, pero a pesar de cruzarse entre conocidos, e incluso vivir en compañía, nunca se conoce del todo quién es, quien nos saluda y saludamos. 

Pero eso era hasta ahora, ya no tiene porque existir el secreto, el ser dueño de uno mismo, porque los últimos experimentos científicos realizados sobre el cerebro humano, han  dado lugar a ciertos medios que pueden traducir perfectamente lo que cualquiera piensa. Ya no sirve de nada la frente, muro impenetrable dotado por la naturaleza para salvaguardar la mente de la curiosidad ajena, para velar algo tan íntimo, privado y particular, aunque la mayoría de la gente crea que lo sabe todo por las falsas apariencias que generalmente no responden a la verdadera índole del individuo escrutado. De todas formas, no hace falta la invención de más cosas para que los otros sepan de las apetencias, gustos, deseos y proyectos de los demás. 

Según se actúa, se vive, se compra, se juega, los relojes, los móviles, los ordenadores o cualquier otro objeto que se porte o se utilice, lleva la información personal a una quimera llamada nube, que la gran mayoría de los seres, ignoran que es. Por eso la califico de quimera, porque puede ser de acuerdo a la imaginación de cada cual. Un compuesto de infinitos circuitos, con millones de artilugios que, como Argos, tenga ojos suficientes para leer y entender todo lo que alcance. El caso es que no llegue a volverse loca, como la máquina maravillosa de Asimov, que se humaniza conmocionada por el dolor y las penas que recoge de las personas que le confían sus sentimientos y quebrantos. No, no es muy fácil imaginarse como es. Es de suponer que será un cerebro artificial tal vez contenido en un micro chip, del tamaño de una punta de alfiler. Pero si tenemos en cuenta que el mundo que se habita es muy viejo, no le faltará experiencia de siglos para actuar, si algún día llega a poseer voluntad propia. Que todo puede ser.