A vueltas con el alcohol

A vueltas con el alcohol

Mucho se ha escrito sobre el daño causado por las bebidas alcohólicas, tanto por su consumo agudo como crónico. Respecto al último, la dependencia etílica, durante décadas considerada un vicio moral, en los últimos años se ha venido tratando como una enfermedad más, en su vertiente patológica física, con la hepatopatía etílica como cuadro más popular, pero también por los daños psiquiátricos y sociales que con el tiempo llega a provocar.

En lo referente al consumo agudo, no es la primera vez que encuadramos el uso desenfrenado de bebidas alcohólicas dentro de un comportamiento generalizado al que denominamos cultura del descontrol, íntimamente ligado a determinadas actividades de ocio donde además participan la conducción temeraria de vehículos, el sexo sin protección y el abuso de otras sustancias, especialmente cocaína y drogas de diseño. En otras palabras, el objetivo es ponerse a tope, lo más rápido posible. 

Hace menos de una década se puso de moda consumir alcohol a través de la mucosa conjuntival, literalmente beber por los ojos, para conseguir un subidón inmediato, ya que el alcohol accede directamente al torrente circulatorio. Nuevas sensaciones, siempre al límite. La bebida favorita para los practicantes del “eyeballing” es el vodka, por su alto contenido alcohólico, una costumbre tan perniciosa para la salud como saltar desde el balcón de un hotel con la intención de zambullirse en la piscina. El vodka también se encuentra implicado en la “tamponvodka”, que busca la borrachera rápida mediante la absorción del alcohol a través de la mucosa vaginal o rectal, según se tercie. Lo más sorprendente es que existen en Internet múltiples tutoriales induciendo a los novatos a la práctica de estas peligrosas conductas. 

La opinión de los expertos y de las autoridades sanitarias es de sobra conocida, pero ¿qué piensan los jóvenes sobre todo esto? El Barómetro 2017 del ProyectoScopio, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre  Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), con 1250 entrevistas a jóvenes entre 15 y 29 años, destacó que pese a los riesgos que entrañan, a una parte de nuestra juventud le compensa emborracharse o tener sexo sin control. Sorprendentemente, los que entienden este tipo de contrapartidas como actividades razonables son sobre todo varones menores de 25 años, con estudios secundarios, de clase media o baja, y que viven solos o con sus padres. Una vez más, las mujeres demostraron una mayor sensatez y moderación. 

Con este inquietante panorama, no sé cómo recibir el supuesto avance conseguido en los laboratorios de las universidades de Sevilla y Granada, respecto a la patente del selenito sódico, una molécula capaz de reparar los daños oxidativos producidos por el consumo agudo e intenso de alcohol, un fenómeno que ha superado de sobra el ámbito estricto de los botellones. Y aunque el selenio no está mal, nosotros seguimos optando por la prevención.