Castigo de uno, escarmiento de otros

Castigo de uno, escarmiento de otros

El refranero popular resulta así de taxativo. Y es que este dicho popular nos viene como anillo al dedo para el tema de hoy, que no trata de ninguna novedad, sino que una vez más nos alerta sobre la realidad que llevamos tiempo denunciando: el resurgimiento del sarampión en nuestro entorno. Prestemos atención a estos datos: la región europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) padeció 82.596 casos durante el 2018, cuatro veces más que en 2017 y 15 veces más que en 2016. En líneas generales, los expertos identifican una causa fundamental para este auge, la relajación en las políticas de inmunización, bien debido a la escasez de vacunas en determinadas zonas castigadas por conflictos bélicos y económicos, pero también por la propagación de la desinformación promocionada por recalcitrantes grupos antivacunas. 

En agosto de 2018, Serbia encabezaba la lista de los países europeos con más casos de sarampión, seguida a corta distancia por Ucrania, Georgia y Grecia. Para detener el rebrote de sarampión en esas localizaciones, la OMS insiste y recomienda reforzar las tasas de vacunación. En España, de momento, la situación es bien distinta, con una cobertura de vacunación del 96.1% en niños de 1-2 años (primera dosis del calendario vacunal) y un 94.2% en niños de 3-4 años (segunda dosis). Pero no debemos bajar la guardia, recordando lo ocurrido en Portugal e Italia, por ejemplo, enfrentándose cada vez a más brotes de sarampión debido a sus deficientes políticas sanitarias de vacunación. 

Recordemos tan solo un dato: para conseguir la erradicación del sarampión y de la rubeola, la cobertura poblacional con la segunda dosis de estas vacunas debe ser igual o superior al 95%. Retomando el refrán del principio, recientemente se ha detectado un incremento del 500% de la vacunación contra el sarampión en varias zonas de los Estados Unidos hasta ahora reticentes con dicha inmunización, tras haber sufrido los estragos repetidos de varios brotes de la enfermedad. Y es que cuando a una comunidad le toca sufrir en sus propios hogares los crudos efectos de una patología completamente prevenible, las campañas de desinformación de los antivacunas se diluyen como azucarillos en el agua. 

De vuelta en Europa, el incremento de los casos de sarampión en 2018 se llevó por delante las vidas de 72 personas, entre adultos y niños, más del doble que las 35 defunciones del 2017. Y para aquellos que continúen pensando que la vacunación contra el sarampión es una decisión personal, que no se olviden de la inmunidad de grupo, la protección de una población ante la enfermedad debida a un elevado porcentaje de prójimos inmunes a la misma, una manera práctica de demostrar la penitencia de uno para escarmentar a los otros.