Opinión

Brexit: lo vamos a pasar mal

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Brexit: lo vamos a pasar mal

En su permanente estado de euforia, Sánchez no se ha movido suficientemente para paliar las consecuencias que puede tener para España el “no deal” del brexit, la falta de acuerdo que inquieta a británicos y a los miembros de la UE y que a fecha de hoy es un riesgo que no se puede soslayar. 

El llamado “brexit duro” es letal para sectores enteros que afectan a millones de españoles, y el problema es que si hasta ahora en las negociaciones de España con la UE generalmente se ha llegado a acuerdos que han convenido a unos y a otros, a menudo en el último minuto con mucha angustia previa, las negociaciones entre Reino Unido y España nunca han sido fáciles, con posiciones inamovibles o retrocesos sin vuelta atrás cuando parecía que se habían producido avances; por no hablar de promesas incumplidas. El ejemplo más conocido es el relacionado con Gibraltar, donde han sido los británicos los que casi siempre se han llevado el gato al agua.

No se ha visto hasta ahora una negociación intensa del gobierno español con el británico para paliar los efectos del fin de los acuerdos pesqueros entre Reino Unido y la Unión Europa, que en el caso de España afecta seriamente a los gallegos, que son los que más pescan en aguas territoriales británicas, mientras los de otros regiones se mueven habitualmente en Atlántico y Mediterráneo. Algunos armadores gallegos han hecho los deberes y tienen a sus barcos con doble pabellón, británico y español, pero los que no han madrugado tanto van a sufrir un calvario.

Otro asunto de la máxima relevancia es la situación de Iberia, cuya matriz IAG ya no será europea. Pedro Sánchez ha dicho en su última rueda de prensa en Bruselas que este asunto está resulto “en principio”. En principio. Pero si el presidente español es experto en declaraciones que no se han cumplido o no ha querido cumplir, ese “en principio” es inquietante, porque no existen garantías de que no tengamos que preocuparnos sobre Iberia. Si no hay acuerdo, Iberia perdería su peso incuestionable en los principales aeropuertos españoles, sobre todo en Barajas, perdería también la posibilidad de vuelos con un número destacado de ciudades europeas y, lo que es más importante desde el punto de flujo de pasajeros, dejaría de ser el principal enlace de Europa con los países iberoamericanos.

El brexit, se ha dicho desde el primer momento, es malo para la UE y para el Reino Unido –es de dominio público que el referéndum se ganó con trampa, que se lo digan si no a Dominic Cummings-, y dentro de la UE afectará a unos países más que a otros. A España –a la pesca, agricultura, automóviles, turismo y un largo etcétera- le espera un panorama oscuro, incierto, que solo se supera con un gobierno que se deje la piel para negociar acuerdos sectoriales. Y no parece que lo esté haciendo.