Opinión

Miedo

Al levantarse, el primer gesto de la mayoría de los españoles es ponerse al tanto de las noticias más recientes para ver si su barrio, su ciudad, su región, amanecen con normas especiales anticovid. El segundo, mirar el teléfono por si durante la noche ha recibido algún mensaje que le informa sobre un familiar o un amigo con PCR positivo o, lo que es peor, que ha tenido que ser ingresado de urgencia en un hospital. En España se advierte, se palpa, el miedo, y no hay ciudadano sensato que no lo reconozca abiertamente. 

La tercera ola llega de forma irremediable, se ha adueñado ya de gran parte de Europa y España no es una excepción. Ni siquiera se salvan Alemania y los países del norte, que siempre han sido más rigurosos a la hora de enfrentarse a un problema que afecta masivamente a su población. Pero al menos sus ciudadanos tienen más confianza en sus gobernantes que los españoles ante el equipo de Sánchez, que ha dado bandazos desde el primer día –no se puede olvidar la famosa manifestación de marzo-y se creen arreglar todo con las palabras triunfalistas de los portavoces Illa y Simón. Y del propio presidente. Triunfalismo que les impidió tomar las medidas que exigían unánimemente los sanitarios y que, por no tomarlas, ha desencadenado la penosa situación sobre la que alertaban. Ni actuaron con agilidad para hacerse con los medios necesarios y reforzar el personal, que no daba abasto, ni controlaron aeropuertos y puertos. Se hizo tarde y mal, han sido un coladero. Y ahora, aunque menos, siguen siendo un peligro porque no se han facilitado los medios indispensables para que nadie pueda saltarse las normas.

La vacuna es la esperanza, la salvación, pero ya se conocen los primeros datos, que no son buenos: al ritmo que va la vacunación es imposible que todos los españoles puedan vacunarse antes del verano, como anunciaba el Gobierno. Los expertos sanitarios -los de verdad, no los del comité designado por Moncloa- dicen incluso que si no se dota de más personal sanitarios y se crean más puntos de vacunación, muchos más, llegará el final del 2021 sin que la vacuna haya llegado al último español aunque se encuentre en una aldea perdida, como prometían.

El futuro se presenta incierto, tirando a mal, desde el punto de vista sanitario; esta tercera ola va a ser más grave que las dos anteriores, que ya se cobraron un número dramático de víctimas. A pesar de esa situación, para el gobierno, y para parte de la oposición, la política es prioritaria y no hay día que no provoquen un conflicto o no “coloquen” un titular con una iniciativa polémica, como si la pandemia fuera un mal al que hay que acostumbrarse. En cuanto al futuro económico, mejor ni hablar. Aunque nos siguen abrumando con un escenario idílico de aquí a final de año. Qué más quisiéramos.