Opinión

Rastreadores

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Los españoles, ejemplares en tantas ocasiones, sobre todo cuando vienen mal dadas, en esta ocasión no están dando la talla. Y ocurre nada menos que cuando  por primera vez en la era moderna una pandemia sacude el mundo, en España han muertos cuarenta mil personas y centenares de miles se han visto afectados por el corina virus; por primera vez se ha vivido un confinamiento muy duro que se ha prolongado durante tres meses y no hay familia que no haya vivido un drama en primera persona, angustiada además por la falta de material sanitario ya que un gobierno incompetente no fue capaz de hacer las compras necesarias en tiempo y manera.

Superado el confinamiento, los españoles no ejemplares se han echado a la calle desaforados,  en muchos casos sin tomar las mínimas precauciones. Ha aparecido nuevamente el corona virus, y además de nuevas víctimas de la enfermedad,  la amenaza de cierre de empresas pone en riesgo el futuro de millones de españoles, porque si a duras penas algunos negocios  habían conseguido remontar el primer parón total, esta nueva oleada,  puede llevarse por delante 65 mil pequeñas y medianas empresas, según los cálculos de los expertos. Todo ello, por esos españoles irresponsables que se toman las precauciones a título de inventario.

No son los únicos hacia los que se deben cargas las tintas. El gobierno que se empeñó en centralizar la lucha contra el corona virus cuando se detectaron los primeros casos, y que puso no pocas trabas a los gobiernos autonómicos que querían tomar decisiones por su cuenta, entre ellas la compra de material ante la incapacidad de gestión del gobierno en ese sentido, ahora ha decidido que es responsabilidad de los gobiernos autonómicos y ayuntamientos tomar las decisiones sobre la lucha contra el corona virus. Con un ingrediente añadido: que el reparto de las ayudas económicas es muy cuestionable y encima pretende que los ayuntamientos cedan  su superávit para contar con más fondos contra la covid,  superávit que será devuelto gradualmente en los próximos años. Sí o si, ordeno y mando, de igual manera que con el ordena y mando  se confiscó a numerosas empresas el material sanitario que habían comprado para repartir entre sus empleados. O incluso a médicos para los pacientes de sus consultas.

La segunda ola ya está aquí, mucho antes de lo previsto. Y eso que aún no ha llegado el frío, que es cuando se supone que el maldito virus cobra fuerza. Todo ello ocurre,  a la espera de que llegue lo peor, con un porcentaje alto de ciudadanos que no hacen los deberes y no solo ponen en riesgo su vida sino también la de los demás… y con unos gobernantes que ni siquiera son capaces de controlar a quienes llegan a los aeropuertos, ni han contratado a los rastreadores necesarios que nos guarden  de la pandemia. Y los de Moncloa, aún sonríen y se autoaplauden…