Auria en la Gran Guerra (1914-18)

1915, las obras del puente de hierro atraen la atención de los ourensanos.
1915, las obras del puente de hierro atraen la atención de los ourensanos.
Auria en la Gran Guerra (1914-18)

Comenzó el enfrentamiento, cuando la ciudad aún se recuperaba de las celebraciones organizadas para dar la bienvenida a la infanta Isabel, hermana del rey Alfonso XII. Aquel 17 de junio de 1914, la infanta se alojaba en el recientemente inaugurado Gran Hotel Miño (calle del Paseo)

En ocasiones se nos hace complicado imaginar qué pasaba en nuestra Auria, en momentos cruciales de la historia. Lo acontecido durante la fratricida guerra civil más o menos lo conocemos, los juicios en el Instituto, las prisiones de Oseira y Celanova, etc., etc. Sin embargo, otros momentos son totalmente desconocidos para la mayoría de nosotros. Ya no me voy a remontar a la “invasión” de los vikingos, ni a las frecuentes incursiones de los ejércitos moros, ni siquiera el paso de los franceses e ingleses arrasando por nuestras tierras.

¿Os suena la Gran Guerra? Sí, una terrible guerra que su sucesora, la conocida como II Guerra Mundial relegó al olvido, dejando “pequeños” los terribles números que indican la muerte, destrucción y dolor que produjo la primera. Pues hoy vamos a realizar un pequeño repaso a lo que se vivía en nuestra Auria durante ese periodo. Os recuerdo que comenzó en julio del 14 (de ahí su nombre más recordado: la Guerra del 14) y se sufrió hasta noviembre del 18 hace ahora 100 años. Ya os adelanto que los problemas propios no dejaban mucho tiempo para preocuparse por los del resto del mundo.

Comenzó el enfrentamiento, cuando la ciudad aún se recuperaba de las celebraciones organizadas para dar la bienvenida a la infanta Isabel, hermana del rey Alfonso XII. Aquel 17 de junio de 1914, la infanta se alojaba en el recientemente inaugurado Gran Hotel Miño (calle del Paseo). 

Durante el tiempo que se prolongó el conflicto, el puente de hierro se convirtió en una de las principales atracciones de la ciudad: el trabajo de las grúas y barcazas que poblaban las riberas del Miño llamaba la atención por su complejidad, y parecía que los ingenieros competían con los militares en acabar su trabajo antes de que terminara la guerra. Finalmente, aunque solo por meses pero lo consiguieron.ou3_result

La principal baza de progreso de Ourense era su altísimo nivel cultural, tal vez si el panorama internacional fuera otro… La Escuela Normal de maestros presentaba un elenco de profesores (1915) que difícilmente se podría repetir. De manera individual siempre es posible que surjan genios, pero que se reúnan tantos personajes de tal nivel es algo complicado: Emilio Amor Rolán, Vicente Risco, Luis Xesta, Ramón Gutiérrez Parada, Antón Losada Diéguez, Emilio Vázquez Pardo, Rogelio Núñez de Couto… Y los que en breve se les unirían: Otero…

La crónica negra nos hablaría del terrible accidente ferroviario que en 1915 segó la vida de 18 ciudadanos y dejo a otros 20 heridos de gravedad; la mayoría pertenecientes a la compañía de zarzuela de Félix Angolotti, que acababan de actuar en Ourense.

En 1918, Eduardo Blanco Amor quiso posar delante del monolito dedicado a Curros en las riberas del Miño. Tuvo que andar raudo, porque según parece las aguas del río decidieron guardarlo solo para ellas. Ese mismo año se inauguraba (por primera vez) el dedicado a nuestro bardo Lamas Carvajal. Este corrió mejor suerte en cuanto a duración, ya que sigue a día de hoy entre nosotros, eso sí, después de varios cambios de lugar e incluso de “fisonomía”. El monumento nació con un pedestal diseño de Jesús Soria que años después se sustituyó por otro más elaborado. 

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En la ciudad se producían buenos vinos que desgraciadamente no contaron con la promoción que debían y que hubiera supuesto un empuje económico para la provincia. De alguna manera para muchos ya se habían convertido en un medio de vida: al estilo que años después y en otro volumen la gente se iba a vendimiar a Francia, en Ourense también recibíamos vendimiadores de todo el entorno. Se realizaron incluso infraestructuras (hoy desaparecidas) para alojar a esos trabajadores, las “alejadas” tierras del parque de San Lázaro, la finca Bartolo debajo de Ponte Pedriña y el final de Ervedelo eran tres de los puntos que se llenaban de trabajadores temporeros. (¡Bueno!, no sé por qué, pero finalmente estaban ocupadas esas viviendas precarias todo el año…)

La falta de espacio como siempre me obliga a dejar muchísimos datos en el tintero, pero no puedo dejar de citar la que fue una de las peores catástrofes sanitarias de nuestra historia, la epidemia de gripe del 18, especialmente virulenta en nuestra provincia. (Tenéis dos fantásticos trabajos sobre este tema obra del doctor David Simón uno y del profesor Juan Carlos Sierra el otro que podéis leer en estas dos páginas web: http://minius.webs.uvigo.es/docs/9/art06.pdf y https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2018/10/03/e45.)