Opinión

Insultador profesional

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Insultador profesional

Del latín; “insultátor”, el que insulta, eso dice el diccionario de la RAE sobre la palabra insultador, lo de profesional es de mi cosecha, se me ocurrió a mí solito, de pronto, sin intermediarios ni asesores, porque, viendo las tristes imágenes que tenemos que soportar cada día, con las manifestaciones en su apoyo, (ojo al dato, como diría J. María García; Madrid y Barcelona unidas en la cruzada, olé) que recibe el insultador, por favor, no le llamemos cantante, trovador, humorista o rapero, que son otra cosa; Pablo Hasél, pienso que dedicarse profesionalmente al insulto, puede tener más salidas, sobre todo en estos tiempos en que el panorama laboral de los jóvenes de hoy es tan desolador, que poniéndose a trabajar en una fábrica, montando una empresa o disponiéndose a estudiar una carrera para hacerse médico, ingeniero o arquitecto.

Y no lo digo sin fundamento, imitando al cocinero Arguiñano, no, no, para nada, lo digo porque a esta gente le salen proposiciones de todas clases, se lo van a rifar, ya lo verán, entrar en la cárcel por estos motivos y con esta exhibición, es como hacerse un doctorado en Harvard, éxito asegurado, y no será nada extraño verlo pronto en debates televisivos, dando conferencias o promoviendo un proyecto político que le pueda abrir cualquier puerta giratoria de esas que están reservadas solo para los allegados, pero allegados de verdad, y no para los pobres sufridores convivientes primos o cuñados.

Pero, como en todas las profesiones, para tener éxito, hay que destacar, siempre hay competencia y no vale insultar por insultar, no, no, ahora que hay barra libre, el insulto hay que saber dirigirlo: Hay que insultar al rey y a su familia, a las autoridades que no sean de tu cuerda, al papa, a la Iglesia, a la Biblia, al Corán. ¡Ay¡ No, no, al Corán no que te empitonan vivo, o cualquier institución respetable y que se deje, amparándose en la ley de la libertad de expresión, esa ley que tanto hemos echado de menos generaciones enteras durante tanto tiempo y que ahora sirve para que no sepamos si nos encontramos ante un mal chiste, o ante una blasfemia, ante una crítica constructiva, o ante un insulto o una provocación, ante un idiota, un memo o ante un imbécil compulsivo. 

Ya sé que lo moderno es otra cosa, y en estos momentos lo interesante y lo intelectual, si no quieres que te llamen facha, carca, fascista o vecinos, es firmar un manifiesto de apoyo a este señor, (de momento no tiene el tratamiento de excelentísimo o así, pero todo se andará) o. si se tercia, salir a la calle a quemar contenedores o tirar piedras a la policía incitados por miembros del propio gobierno al modo “apretem” de la Generalitat, insólito, lo nunca visto; los pastores azuzando a los lobos contra las ovejas. Pero no nos engañemos, las cosas van funcionando mal que bien, aunque sea a trancas y barrancas, porque la gran mayoría de las personas tienen un comportamiento civilizado; no insultan, no provocan, no incordian, trabajan, estudian, obedecen, dan los buenos días, dan las buenas noches. ¿Cómo está Vd.? ¿Cómo estás? ¿En qué puedo ayudarle? No le había reconocido, con esto de la mascarilla ya se sabe, a ver si termina esta pesadilla del coronavirus algún día y volvemos a lo de antes. Adiós amigo, que tengas un buen día, y cosas parecidas. Así podremos seguir respirando entre tanta mierda, aprovechando que ahora llevamos mascarilla. 

Afortunadamente, la vida transcurre normalmente entre los ciudadanos cada día, como lo hace la circulación en una autovía, que es posible porque son pocos los kamikazes que, de vez en cuando, la mayoría borrachos, circulan indebidamente en sentido contrario, si fueran muchos, el tráfico se interrumpiría continuamente y las autopistas no serían viables.

 Anda que no estará feliz este menda lerenda, contemplando desde la ventana de su celda las manifestaciones y gamberradas que sus seguidores protagonizan en las calles de media España quemando contenedores y tirando adoquines a la policía.

Por fin, una España unida. Aunque solo sea en modo “imbecilitas”.