Opinión

Mamá, quiero ser progresista

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Mamá, quiero ser progresista

Aunque ya lo tengamos lejos, todos recordamos las preguntas de la infancia, esa época en la que empiezas a descubrir el mundo que te rodea y que va a influir en el resto de tu vida. Con el paso de los años van cambiando las preguntas y respuestas de los niños en función de las cosas y acontecimientos que van sucediendo a su alrededor, de esta forma, a la clásica pregunta de: ¿Qué quieres ser de mayor? En unas épocas se respondía; bombero, médico, policía, ingeniero, futbolista, etc., dependía y seguro que seguirá dependiendo, por mucho que nos guste la igualdad, de si es niño o niña y sobre todo, de la zona y el ambiente en el que vivan; por ejemplo; es más probable que un niño o una niña, cuando sean mayores, quiera torear, más en Andalucía, que en Galicia, o que quieran ser marineros, si viven en la costa, más que si son del interior, hay cosas que tienen su lógica.

Es inevitable que los niños se dejen influir por lo que ven y oyen todos los días en los medios de comunicación y en las conversaciones en su casa, calle o colegio y no quiero ni pensar en el lío que deben tener en su cabecita los niños de hoy, al escuchar y ver tantas sandeces como están obligados a soportar en estos tiempos de violencia dentro y fuera, incertidumbres, insultos, provocaciones o mala educación, donde unos se han dado cuenta de que pueden vivir de la estupidez, directamente, y otros se apropian descaradamente de unos conceptos genéricos como si le pertenecieran en exclusiva como son; demócrata, liberal, progresista, etc., dando a entender que sin ellos no existirían y que los que no son de su cuerda son unos impresentables.

Por ejemplo; la palabra progresista, por insistencia de parte, la hemos asociado ya a lo que llamamos izquierdas, estando convencidos que los de derechas no lo son, es decir, van para atrás, pero si vemos que el antónimo de izquierdas es derechas, la palabra progresista no tiene antónimo, podría ser “regresista” o algo parecido, pero no, no existe esa palabra, no tiene antónimo, directamente, por algo será, yo propongo que sea gilipollas, simplemente, que es lo que mejor definiría a uno que no quisiera progresar. Pedro Sánchez y sus socios están dándole vueltas para conseguir formar un gobierno con socios que sean de una fuerza progresista, no pide más, ya ves, pueden ser cualquier otra cosa que no quiero precisar, ni calificar, pero si son progresistas, vale, listo pues.

En Ourense tenemos desde hace muchos años una calle del Progreso que, en una larga temporada se llamó de otra forma cuyo nombre no quiero acordarme, nunca se imaginaron los ingenuos que en su día la bautizaron, que la palabra progreso se podría asociar a un partido o una ideología, creyendo que era para todos, sí, sí, pobres bien pensantes, pues ya ves, cualquier día se la adjudican los de la izquierda, oiga Vd. Vamos progresando.

No debiera asociarse con partidos, grupos, ideologías o asociaciones, palabras que pertenecen a todos: Progreso, educación, democracia, popular, libertad, unión, socialismo etc. ¿Quién no quiere progresar, ser sociable, popular, educado, demócrata? Solo los marginales pueden permitirse el lujo de ser antisociales, retrógrados, groseros, maleducados etc. Y éstos, al menos de momento, no deberían jugar en la misma liga aunque cada vez, amparados en la sagrada libertad, pretendan apuntarse, de la misma forma que los mafiosos también quieren vivir en una sociedad civilizada, utilizar sus servicios, carreteras, colegios y hospitales y aprovecharse de las leyes para cuando les interesa y reclamar sus derechos cuando les roban o atacan a su casa o a sus familias, pero están preparados para incumplirlas cuando les parece oportuno para sus intereses.

Por eso los niños de hoy, viendo los requisitos esenciales para formar parte del club de los gobernantes lo primero que quieran es ser progresistas, lo demás; estudiar, trabajar, obedecer, ayudar, etc., ya lo irán viendo.