Opinión

Máscara

Cuando un presunto delincuente o un delincuente confeso aparece en televisión es frecuente verle como cubre su cabeza con la capucha de una sudadera y las manos esposadas con cualquier trapo que le sirva para ese cometido. En otros casos se ve que los investigados acuden a los juzgados con un casco de motorista en la cabeza para ocultar su facciones. Quien actúa de ese modo más que pregonar su presunción de inocencia la pone en entre dicho y convierte la pena de telediario en una aproximación de condena, porque quien no tiene nada que ocultar porque se considera inocente no acude al juzgado disfrazado o enmascarado, sino a cara descubierta. Que el novio de Ayuso, la presidenta madrileña, Alberto González Amador, haya intentado dar esquinazo a los periodistas que le esperaban a la llegada y salida del juzgado al juzgado para ratificar el acuerdo de conformidad con la fiscalía para que no le entrullen por fraude -presunto- fiscal, vistiendo peluca cana, y fuga a la carrera no beneficia a su imagen pública.

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