Opinión

Turismo

Sí decíamos ayer que proliferan los documentales sobre sucesos trágicos en las plataformas televisivas para alimentar el morbo, hay que añadir que esta tendencia de orden mundial hay a quien se le queda corta y la complementan con el turismo de tragedia en sus diferentes versiones, guerra, desastres, escenarios en los que se han producido crímenes horrendos. Quedan fuera las visitas a los campos de concentración nazis que tienen una connotación pedagógica para que no se vuelva a repetir el horror. Hubo un tiempo, antes de la invasión de Ucrania por Rusia, en el que había turistas que hicieron de la central nuclear de Chernobil su meta. Hubo también a quienes las guerras de los Balcanes o en el Cuerno de África, les sugería un viaje de placer. Ahora la moda es el alquiler del bungalow en el que supuestamente Daniel Sancho asesinó a Edwin Arrieta. De la misma forma que hay un turismo literario en el que los viajeros pasean por los escenarios de las novelas, los partidarios del turismo negro lo hacen por los pasajes del delito.

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