Opinión

Un presidente que se pone de lado

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Un presidente que se pone de lado

Sí que es caprichosa la casualidad. El día que el fútbol ourensano cobra un protagonismo nacional que por desgracia no tiene por méritos deportivos la agenda del presidente de la Federación Gallega de Fútbol tiene cita programada en la capital. La junta directiva de la FGF se celebraba en el estadio de O Couto. Por primera vez en la historia, en Ourense.

Rafael Louzán, tirando de don de gentes no dudó en llamar personalmente a los dos periodistas agredidos en ese mismo estadio el día anterior. Todo buenas palabras y consolidadas muestras de apoyo que un rato después se quedaron en nada. Un presidente, que como Ramón Dacosta en el club ourensano, representan mucho más que a su propio apellido. Si el número uno de la UD Ourense parece no darse cuenta de lo nocivo que está siendo para su club con la forma de actuar, el de la Federación se quedó tan ancho en un programa de televisión poniéndose de lado ante uno de los hechos más graves con los que va a tener que lidiar en el puesto que ahora ocupa.

Dacosta insiste en el error. Louzán lo comete al tratar de evitarlo. Se la pusieron botando para que demostrase merecer representar al fútbol a gallego y se quedó cortísimo. No llegó ni a empatar. Y eso que jugaba un partido que estaba ganado de antemano. Solo hacía falta que se pusiese del lado de la verdad y fuese contundente.

Louzán, solo faltaría, no justificó a Ramón Dacosta, pero no demostró, en ningún momento tener gana alguna de tomar cartas en el asunto. De las que dispone y también a las que es capaz de acceder para ayudar a su deporte. Como cabeza visible del fútbol gallego no puede esperar a que Dacosta caiga por su propio peso para pedir el micrófono o sacarse la foto. Tiene que ser el primero en empujar el carro y dejar clara, sin opción a la duda, su postura en todo esto.

Se limitó a utilizar frases recurrentes de lucha contra la violencia que son sencillas de escuchar en cualquier discurso programado y generalista. Pero no se mojó sobre el caso en particular. Prefiere ponerse de lado cuando la violencia ha hecho acto de presencia en un caso sin precedentes. 

Rafael Louzán no se está mojando con unos profesionales que son los y las más contundentes cuando toca retratar y condenar a los agresores en el fútbol. ¿A qué está esperando el colectivo arbitral para pronunciarse? Bernardino González Vázquez sabe, mejor que nadie, de lo que se está hablando. ¿A que sí?