Opinión

No ofende quien quiere... ni el más tonto


Impropia la contestación, pero haciéndola el presidente del Gobierno, se transforma en desconsideración, menosprecio… ¡reprobable! Viene a cuento mi afirmación por lo sucedido en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, cuando el presidente del Ejecutivo -el de todos los españoles, diputados, senadores, alcaldes, concejales- en su réplica  al jefe de la oposición vierte una manifestación que ha indignado al municipalismo español al espetarle: “En mi partido usted no habría llegado ni a concejal de pueblo”, que es todo un desprecio a los miles de concejales que, día tras otro, están al lado de sus vecinos. No sabemos si sabe el “puto amo” (Oscar Puente, dixit) que, para tanta minusvaloración a los concejales, la mayoría de ellos no cobran ni un céntimo, no disponen de coches oficiales, ni asesores, ni escoltas… ni Falcon para desplazarse también a conciertos.

He mantenido desde que comencé en política, siendo entonces alcalde, ya hace más de treinta años, que los políticos locales -alcaldes y concejales- son los auténticos políticos de mérito, los más trabajadores y sacrificados, porque tiene que hacer y hacen su trabajo en la casa consistorial, en la cafetería, en su propio domicilio, en la calle donde lo aborda el vecino, en los entierros. Reivindiqué siempre y reivindico la grandeza de la política municipal. Son los concejales de pueblo, capitaneados por sus alcaldes, los que procuran, día a día, la política útil, los que consiguen que sus vecinos tengan servicios públicos básicos, agua corriente, iluminación pública, limpieza viaria... Cuidan de nuestros pueblos. Por eso los concejales son pilar fundamental del estado del bienestar y de la democracia. ¡Y el presidente del Gobierno los desprecia peyorativamente! Cuando, además, son elegidos directamente por sus vecinos.

Es la soberbia, la soberbia despreciativa, de un presidente del Gobierno que magnifica la maldad públicamente, desde una atalaya pública como la que representa el ¡Congreso de los Diputados!, para hablar ¡maldito! de “concejales de pueblo”; cuando son todos ellos, con sus aciertos y errores, los políticos más admirables y altruistas con su buen hacer. ¿Estarán contentos, satisfechos, indiferentes, los miles de concejales socialistas con semejante declaración? Permanecen callados y quien calla otorga, aunque la profesión vaya por dentro. Lo que está claro es el lugar que ocupan en la escala de valores políticos del presidente del Gobierno las entidades locales, los ayuntamientos. ¿Qué menos que reprobar esas palabras de contestación, que significan defender al conjunto de las corporaciones locales de España?

Los antecedentes obran. Que Sánchez es un peligro para políticos locales y ayuntamientos es un hecho. ¡Y se repite! Basta recordar cuando su ministra de Hacienda tuvo la desafortunada idea de incautar los remanentes de tesorería en los momentos más necesitados frente a la pandemia, y él haciendo mutis, como don Tancredo. ¿Qué decir de su inacción cuando los políticos locales llevan esperando cinco años la promesa para la mejora de la financiación local? Sánchez está a otra cosa, en lo de financiar. ¿Qué sucede con el estatuto del pequeño municipio, anunciado, ya tramitado en sede parlamentaria, pero durmiendo…? Quizás, o sin quizás, a Sánchez le traicionó el subconsciente, ya que, demostrando ser quien preside el Gobierno menos municipalista de la democracia, va y arremete contra los concejales.

¡Qué orgullo ser concejal de pueblo! El arduo, y casi siempre altruista, trabajo que realizan los concejales de pueblo en todos los pueblos de España, fundamentales para el desarrollo del país, al hacer política de entrega, sacrificada y sin límite de tiempo, no merecen el desprecio de Sánchez. Consiguientemente qué menos que reprobar sus palabras e instarle a que cambie su política contra el municipalismo y los que lo hacen posible, y que pase de la confrontación y ataque a cumplir sus compromisos y responsabilidades. ¿Puede molestar esta petición?

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