Opinión

El sueño de volver a casa

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El sueño de volver a casa

Tengo desde siempre un hábito de lectura que me lleva a acudir, incluso antes de leer las noticias de actualidad, a la sección de Cartas al Director y a la de entrevistas. No debo ser yo sólo con este tipo de manías… En una ocasión, leyendo una entrevista, el entrevistado hacía saber que él, como muchos americanos, comenzaba a leer la prensa por la sección de deportes –que suelen estar hacia el final-, ya que las noticias deportivas le reportaban alegría, pues informaban de los logros humanos. 

Pero el caso que les voy a exponer en esta ocasión va por otros derroteros, y no son precisamente satisfacciones ni éxitos. Fui a la entrevista de un dominical y primeramente quedé conmovido, luego meditando, conforme iba leyendo: “Los refugiados, sobre todo los sirios, que escapando de la guerra, lo dejaron todo para llegar a otras partes del mundo… y, una vez asentados, no sólo recuerdan a sus familiares y amigos dejados y alejados, y agradables momentos y vivencias, sino que también conservan la llave de la casa que se vieron obligados a abandonar. Y, en algunos casos, aun a sabiendas de que ya no queda ni rastro de la casa, mantienen en su poder la llave”.

¡Es el sueño de volver a casa! El continuar soñando despierto, aunque lo añorado ya no está. “Toda la vida es sueño y los sueños, sueños son…”, al decir de Calderón de la Barca. 

Algunos saben que ya no queda nada de la casa, pero se resisten a desprenderse de la llave. La llave, como símbolo, representa el acceso, la entrada al hogar; y ésta, la pertenencia, a distancia, de íntimas vivencias personales allí depositadas, que algún día podrían recuperar... O quizás el estado de conservación a través de la llave que, al cabo de un tiempo, abrirá el acceso a la casa. Como si estuvieran de vacaciones y el dulce hogar esperando el regreso. No es amor a la llave, es el recuerdo de la casa, que alberga las pertenencias, y la llave es clave.

Y… ¿qué se les pasará por la cabeza a los que conservan la llave sabiendo que sus casas, éstas si, continúan en pie? Aunque lejos, sin fecha de retorno pero soñando regresar… ¡como para perder la llave!, soñando el momento del regreso. Mientras la llave se mantenga en su poder todo está, da que pensar que piensan. Como pensaba Rilke: la patria del hombre es la infancia. O, tal vez, diría un escéptico, tipo Chopin: es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es. Para muchos refugiados les vale la “soledad sonora”, que describió San Juan de la Cruz. Más contemporáneamente, Tony Ronald cantaba: dejaré la llave en mi puerta, esperaré tu vuelta, estará así toda la vida, por si has volver algún día…