Opinión

¿La salud?, lo primero

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¿La salud?, lo primero

Queremos a los sanitarios con nosotros”, es la portada que recoge La Región de una comunidad de vecinos a los sanitarios un día de abril. ¡No es para menos! Ya es antigua la letra de la canción -salud, dinero y amor-, siendo la salud lo primero, por ser el imprescindible estado del ser humano para disfrutar de todas las oportunidades que nos ofrece la vida. Lo describe la OMS: estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades. Estas siempre deseadas buenas intenciones, a las que todos los mortales aspiramos, no serían posibles sin la dedicación de todos y cada uno de los colectivos que integran los trabajadores de la sanidad. Trabajadores, sanitarios y no sanitarios, de centros de salud, PAC y hospitales, que siempre realizan una labor encomiable, superándose a lo largo del tiempo para, a través de la formación continua, estar al tanto de los últimos avances. ¡Maldita sea!, desafortunadamente tuvo que irrumpir una pandemia para darnos cuenta del ímprobo trabajo, dedicación y compromiso, muchas veces más allá de su deber, con la salud de los demás. Baste decir, lo dicho no es exageración alguna, que las cifras oficiales apuntan que más del 16% de todos los contagiados por esta pandemia son sanitarios, en el cumplimiento de su vocación de atender y curar a las personas infectadas o enfermas.

A finales de los años noventa, aún en el siglo XX, hablábamos de “La sanidad y los ciudadanos: Un nuevo contrato social”, citando un abanico de medidas –en la financiación, organización y gestión- para mejorar el Sistema Nacional de Salud, con la vista puesta en la sanidad del XXI. Y de todo y lo variado, en las propuestas y recomendaciones, siempre hubo tres criterios irrenunciables: solidaridad, equidad y eficiencia. Solidaridad en el sentido de que la sanidad debe aplicarse a toda persona que enferma. Equidad, entendida en igual oportunidad ante igual necesidad. Eficiencia, tratar de evitar despilfarros, pero que era un valor más arraigado entre los administradores públicos que entre la ciudadanía. Mucha sensatez para planificar y abrir retos de futuro, aunque aquellos tres valores se pusieron a prueba y se saldan –aún estamos en plena faena- con matrícula ante tan desproporcionada pandemia, que llegó, como de una primavera se tratase, “nadie ha sabido cómo”. Eso sí, gracias a los profesionales sanitarios estamos evidenciando, como nunca, la solidaridad, equidad y eficiencia, como las verdaderas recetas no medicamentosas que los sanitarios aplican, día tras día y sin rechistar, en ocasiones en condiciones de trabajo no del todo garantistas, pero que el sentido vocacional unido a su compromiso del deber y responsabilidad lo puede todo. Y, ¡cómo no!, ese ponerse en el lugar del otro, la empatía, tan arraigada entre los profesiones a los que nos referimos, hace el resto; lo que deriva en la admiración del enfermo y sus familiares, y también de vecinos, que teniéndolos en su entorno gritan: “Aquí los queremos con nosotros”.

Y ya, como colegiado, me sumo a la circular que me deriva el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, a través del el Colegio Oficial de Médicos de Ourense: 

1. Solicitar que la profesión médica sea considerada de alto riesgo de exposición. 

2. La infección y sus secuelas sean reconocidas como accidentes de trabajo. 

3. Realización –ya debieran estar realizados- de test a todos los profesionales sanitarios, para seguridad de pacientes y sanitarios. 

4. Personarse como acusación particular en aquellos casos de contagio derivados del uso de las mascarillas defectuosas. 

No es mucho reconocer por el trabajo y dedicación que están mostrando… Los aplausos bien, lo demás también. ¡Es de justicia!, ya que estamos ante uno de nuestro pilares esenciales del estado de bienestar.