Opinión

Nadie escarmienta en cabeza ajena

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Nadie escarmienta en cabeza ajena

Titulo de esta guisa el artículo, aunque tuve duda de sustituirlo por “Las órdenes están para cumplirlas, no evitarlas”. Por supuestísimo que, errores, malas praxis e incumplimientos, de los unos y de los otros -el que sea ajeno a toda culpa, que los hay, que levante la mano- es una realidad palmaria, aún tratándose de un tema de salud pública. Desde el inicio, a principio de marzo, tanto las autoridades sanitarias, OMS incluida, como los dirigentes políticos con voz en mando, no vieron venir unos y banalizaron otros la magnitud de la pandemia. Y de aquellos polvos estos lodos. Hoy, con la perspectiva de un pasado temporal de ocho meses, no concebimos aquella ignorancia y pasividad; como muestra recuerdo que, en siete días -del 7 al 14 de marzo-, pasamos a que un padre permitiera a su hijo acudir a una manifestación sin problema sanitario alguno -Simón dixit-, a declarar el Estado de Alarma. “Dios nos libre dun xa foi”, diría mi adoctrinado Neme. 

Estamos en plena segunda ola de la pandemia, más temprano de lo esperado, y la ciudad de Ourense va batiendo, desgraciadamente, su propio récord cada día que pasa, cuando esto escribo. La pregunta no se hace esperar para multitud de [email protected]: ¿De quién es la culpa de lo que está sucediendo?, cuando la culpa siempre fue huérfana. Y aunque podamos apelar, con cierto incomodo, no exento de consuelo, de lo que se pudo haber hecho… por parte de las autoridades políticas, sanitarias y comités clínicos, también podemos preguntarnos qué hacemos nosotros mismos por la causa. De hecho somos actores principales, beneficiándonos de las órdenes si son las pertinentes y las respetamos, como si no resolvemos la situación y/o la agravamos si las desobedecemos, por buenas que sean.

Sale una orden, que señala la prohibición de juntarse en grupos superior a diez personas, y atónitos observamos como la mini panda, aún a sabiendas que estamos inmersos en una pandemia ascendente, no deja de juntarse en el número límite; lo que se dice al filo de la navaja, bajo pretexto de ¡cumplimos la legalidad…! ¡Ah!, que la orden sanitaria no es suficiente, pues continúa creciendo la incidencia de contagios y sale otra orden más dura, que reduce las reuniones a dos personas convivientes. Malo será que no la evitemos, cumpliendo la legalidad. ¡Ya está!, recurrimos a la picaresca a la que somos tan aficionados, por nunca escarmentar en cabeza ajena, que nos lleva al ayuntamiento de al lado, al vecino no le afecta la orden. Sin pensar, o no querer hacerlo, perniciosamente, que hay más posibilidades de trasladar el problema a ese vecino que se está librando. ¡Tranquilos!, cumplimos la legalidad.

Nadie escarmienta en cabeza ajena. Los errores, las equivocaciones y las adversidades de otras personas pueden ser una fuente enorme de aprendizaje para nosotros mismos. Solamente somos capaces de aprender de nuestras propias experiencias y no de las de los demás. ¿Por qué en Ourense la decisión de prohibir reuniones entre no convivientes?, decisión polémica, por no ser entendida: la principal vía de transmisión -está comprobado- son las reuniones familiares y entre amistades. Lejos de admitirlo, nos desplazamos con la simple excusa de no infringir la orden.

“El Lazarillo de Tormes”, el protagonista evoluciona de ignorante a pícaro; parece como que está presente su espíritu en el transcurso de la pandemia. En vez de cumplir escapamos de las medidas de manera picaresca, sin pensar que estamos en un problema de salud pública y como tal todos somos protagonistas. Vivimos un estado sanitario de salud pública, del que nos beneficiamos o lo sufrimos todos; que se ha recrudecido hoy por culpa de unos pocos; y lo pagan las personas y los sectores económicos, hostelería sobre todo. La picaresca tiene las patas cortas, vale para el momento, pero es perniciosa a corto plazo. Y ¡así nos encontramos!, en confinamiento. Como acaba de declarar un ex enfermo de covid-19, ingresado en UCI: “Somos borregos. Non aprendemos da historia e volvémola armar. De que serve limitar a vida en Ourense se a podes facer a uns quilómetros?”. Co cal, o resutado, son dous concellos confinados. Vaia broma, non? Non escarmentamos en cabeza allea.

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