Opinión

Bancarrota

Opinión

Bancarrota

No comparto la estupidez de tratar como estúpida a la gente. Ocultar o azucarar información bajo el ridículo argumento de que ya existen demasiadas malas noticias. Se trata, ese, de un reprobable modo de considerar a la población como menor de edad, el cual conlleva que se compadezcan situaciones y argumentarios antitéticos: “…estamos ante una depresión sólo comparable a la de la Guerra Civil…” a la par que “… no quedará nadie atrás…”, o la extravagante y ofensiva”…saldremos más fuertes…”. 

Abundan los pronósticos en torno a la salida económica que tendrá la actual crisis, la cual, desde sus orígenes, no fue nunca ni muchísimo menos sólo sanitaria. 

Sin economía no hay vida. ¿Con enfermedad?… pues con enfermedad siempre la ha habido, sin embargo, repito, sin economía no hay vida y nunca la ha habido. Con un presidente del gobierno acreditadamente embustero los datos, por él y sus ministros brindados, no pueden ser nunca fuente fiable, de ahí la controversia. He aquí mis cábalas al respecto, a las que someto al implacable escrutinio del tiempo:

 Llegaremos a los siete millones de desempleados. Una tasa nunca vivida en términos absolutos en España y, en términos relativos, en escasísimos lugares del planeta. Siete millones, de los cuales cerca de seis,  lo serán de desempleados, llamémosles, convencionales,  pero un millón largo de los mismos serán personas que nunca estuvieron en ese tablero, el del  desempleo. Nunca concibieron siquiera que su vida, alguna vez, desembocaría en la desocupación. Me estoy refiriendo al pequeño comerciante, al propietario del bar,  de la  cafetería, al frutero de la esquina,  al que en su día puso en marcha un gimnasio…. Serán estos  la gran novedad laboral de esta crisis,  que hará alcanzar cifra de escalofrío: siete millones. 

En términos de déficit público clausuraremos el año 2020 superando la absolutamente inmanejable cifra del 14 %. Hasta el ínclito Rodríguez Zapatero, en su libro de memorias, indicó con escalofriante candidez, que un buen día, ¡ya en la Moncloa!, descubrió que exceder del 10 % de déficit hace a una nación sencillamente inviable.

El PIB descenderá al menos un 19 % a la conclusión de la presente anualidad, y la deuda pública crecerá por dos vías: por la vía inmediata del decrecimiento del PIB - pues la deuda se calcula en relación a éste-,  y por  la vía directa del endeudamiento masivo. Un 165% no es en modo alguno una cifra desencaminada. Necesitaremos ingentes cantidades para sufragar todos los gastos y toda la malsana intervención estatal que se está dirigiendo desde La Moncloa, con meta volante en Galapagar.

¿Meta final? pues indefectiblemente el default, la bancarrota, situación en la que el problema no es la deuda preexistente (condonaciones, a la fuerza ahorcan) si no el cierre inmediato de todo flujo de crédito, de toda posibilidad de colocación de deuda en el mercado mundial por años y años. 

Quiero creer que de esta situación nos librarán, in extremis, los perversos holandeses, alemanes y el diabólico FMI. Entiendo, quiero entender, que no podrán, no querrán permitir, (too big to fail) que una economía capital de la Unión llegue a tal cataclismo. 

Eso sí, con una asistencia, sujeta a una severísima condicionalidad. En primer término por la exigencia de reformas estructurales de dimensión desconocida, que transformarían nuestro modo de vida o,  en su defecto,  ante una posible resistencia con reminiscencias helenas (recuerden que ellos las rechazaron inclusive en referéndum) con la imposición de recortes de gasto que afectarán de lleno a  retribuciones que provengan del erario público (pensiones, salarios públicos, prestaciones), suspensión por años de oferta de empleo público, etc.

De igual modo habrá recortes en la remuneración privada por lógico automatismo económico:  la irrupción de siete millones de desempleados dentro del mercado laboral comportará bajadas salariales y modificaciones de envergadura desconocida en nuestra relaciones por cuenta ajena.

Ningún español vivo, sea cual sea su edad, habrá conocido nunca una situación así: paro, hambre, conflictos y delincuencia de todo ello derivada. 

Una vez leído esto… sigan, si les place, engañándose ustedes,  o dejándose engañar.