Opinión

Dibujo animado

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Dibujo animado

El peor ministro que hemos tenido en España desde la época visigoda es mujer y dice llamarse Yolanda Díaz. Matizo que dice llamarse así, pues ni cuando su nombre indica puedo plenamente estar seguro de que es veraz; esto del embuste en el Gobierno de la nación es más contagioso que el coronavirus, siendo el paciente cero su presidente.

Su resplandeciente mente comenzó a expedir una luz deslumbrante ya en su toma de posesión. Garantizó, en ella, la ministra del Paro, la derogación inmediata e íntegra de la Reforma Laboral, una reforma que incluyó, entre otras, una novedad legislativa cuando se promulgó: los ERTE, inexistentes en el ordenamiento hasta esa fecha. Pues bien, a pesar de ello, el conjunto luminoso de neuronas que posee encumbra hoy a los cuasi-derogados ERTE a categoría de panacea, subrayando que hasta los niños en España, dijo, saben ya muy bien de su existencia y de su utilidad. No debería mentar a los niños la señora ministra. La única relación que alcanzo a atisbar entre la inocencia de un niño y la señora Díaz es que ella sólo puede ser, en verdad, un dibujo animado. 

Después del incidente Disney, se aferró al teletrabajo, y lo hizo señalando a éste como una herramienta prácticamente traída por ella a este país; teletrabajo, por cierto, desigualitario por naturaleza. ¿Cómo va a teletrabajar un chófer, un albañil, un limpiador, un operario de cadena de producción, un peluquero…? El teletrabajo se ha tornado útil, necesario, imprescindible y proliferará más en el futuro, pero que conste: genera una profunda desigualdad dentro del mercado laboral.

Nuestra ministra prohibió posteriormente los despidos, en lo que sin duda fue un propagandístico y falsario brindis comunista al sol, no en vano su único activo curricular conocido es que fue concejal comunista del Ayuntamiento de Ferrol. Prohibió (¡cómo les gusta este verbo…!) los dividendos en empresas con ERTE. Si se parase un solo minuto a reflexionar (¡cuán poco, por la contra, les gusta éste…!) alcanzaría a concluir que si una empresa acude a un ERTE es, precisamente, para no incurrir en una debacle económica; prohibir los dividendos implicaría sumar un castigo de magnitud a la economía, por la vía tanto de los pequeños ahorradores, cuanto de los pequeños empresarios, que sólo una mente de dibujo animado puede alcanzar a ignorar.

La última, pero les garantizo que habrá más, es la búsqueda de esclavos en el agro español, ha ordenado, la señora ministra del Paro, por escrito a la Inspección de Trabajo, que inicie la búsqueda de esclavos entre los maizales (todo apunta a una tara por ver, de niña, Kunta Kinte)

Una desgracia más, esta señora, por si ya no padeciésemos pocas.