Opinión

Una, dos, tres Españas

Opinión

Una, dos, tres Españas

Dónde se ganan las elecciones en España? ¿Es el centro político el granero de votos al que acuden el PP y PSOE en pos de la victoria electoral? Parece que sí. Aunque en España subsista una polarización sempiterna basada en las dos Españas clásicas, aquellas que todavía beben de los fundamentos de la guerra civil y enarbolan una y otra parte cada vez que quieren excitar a sus parroquianos, las dos principales fuerzas políticas españolas se concentran en la búsqueda de posiciones alrededor del centro político. Es como si PP-PSOE fueran un mismo partido político, sumisos a la corrección política, al buenismo, al colectivismo; ambos remisos a garantizar la independencia judicial, adelgazar el Estado, cambiar la ley electoral y de partidos, construir una Ley de Educación consensuada, poner fin al capitalismo de amiguetes … Solo surgen las dos realidades cuando las elecciones acechan: rojos/azules, proletarios/empresarios, comunistas/fascistas; progres/neo liberales. De oponentes a enemigos. Todo fuegos fatuos, argucias y falacias pero, ahí están, las dos Españas.

¿Podría ser posible romper esa polarización de izquierda y derecha para que aflore una tercera España? Un espacio en el que exista un debate sereno sobre la propiedad privada sin que te llamen facha o en el que se defiendan posturas de libertad individual sobre el propio cuerpo sin que te llamen comunista. Mal lo hizo Ciudadanos cuando pensó que la cuestión pasaba por tomar, ellos mismos, el centro. No se trataba de eso; no es el centro físico existente entre las dos opciones mayoritarias en el que había que encajarse, no consistía en forzar una situación que les ubicase en la intersección de los elementos que son comunes del bipartidismo, es decir, casi todos. Se trataba de ofrecer una opción transversal a ambas, que no las separe, sino que las trasponga. 

Una alternativa en la que, estoy convencido, encajarían más personas de las que imaginamos, quizá sin ser conscientes. Ser liberal y no saberlo es un clásico, como lo es, el maniqueísmo con el que se ha tratado a los liberales en este país. Ha llegado a comentarme alguien si ser liberal tiene algo que ver con la promiscuidad sexual, o si los liberales somos abiertamente insolidarios y defendemos un capitalismo que únicamente busca la opresión de los más débiles, cuando no, si tiene algo que ver con alguna secta. Con qué saña y animadversión se ha intentado estigmatizar al liberalismo. La tercera España a la que me refiero. 

Que el término liberal sea de origen español y que, sin embargo, hayan fracasado en este país todas las propuestas partidistas que defienden la libertad de mercado, la igualdad de oportunidades, la separación de poderes, los derechos del individuo frente a los del grupo, o que los valores morales pertenecen a la esfera íntima de las personas, resulta francamente desolador. Poderosas y omnipotentes fuerzas acometen secularmente contra esta filosofía política y amordazan a quienes la defienden.