Arcadi, Dragó

Cuando yo era adolescente muchos de mi generación nos sentimos fascinados y transportados, al menos intelectualmente, por la lectura de un libro precioso de los años setenta, que se titulaba y se sigue titulando "Gárgoris y Habidis" escrito por un tal Sánchez Dragó. Aun tengo uno en mi biblioteca. Y lo guardo con cariño, es un libro precioso. 

Por supuesto hay tipos que se vuelven imbéciles con el tiempo, pero han hecho o escrito en algún momento de su vida cosas maravillosas. Sánchez Dragó es un ejemplo de eso. Con los años y pese a lo que me gustó su libro en aquel momento él ha acabado convirtiéndose en un señor repulsivo que nada tiene que ver con aquel joven que recorría el mundo en un 2CV o haciendo dedo con una mochila al hombro, explorando e investigando para contárnosla, la belleza de muchas cosas nuestras. De nuestros sueños. De nuestras creencias. De nuestra historia. De nuestras maravillas. Aunque aquellas maravillas quizá fueran tan falsas como una moneda de doblón. Quién sabe.

Hoy Sánchez Dragó ha pasado a ser un viejo un poco cutre y miserable, lleno de arrugas, idiota y protestón, que recuerda más a menudo al Abuelo Cebolleta del TBO contando batallitas que al brillante joven que fue una vez. Que lo fue, creo.

Hace unas semanas Arcadi Espada, uno que también escribe mucho en la prensa, me recordó a Sánchez Drago en sus peores momentos. Y supongo que a ustedes también se lo recordaría. Según él si usted va a tener un niño con síndrome de Down por ejemplo y decide traerlo al mundo, usted es un desgraciado sin conciencia social. ¡Vaya! A mi siempre me pareció que era Arcadi Espada el que no había tenido que venir al mundo.

No sé si Arcadi Espada tiene un pariente o conocido con síndrome de Down. Yo sí. Un primo. Y no necesito ni cuatro segundos para saber que es mejor que él. Y para saber que en este mundo Arcadi Espada como Sánchez Dragó sobran, pero mi primo es imprescindible. Mucho más que esos dos con sus libros y artículos que se pueden ir todos a la mierda (con perdón) y no nos hacen falta para nada a los demás. 

Que se siga bajando las gafitas Sánchez Dragó de vez en cuando para mirarnos por encima de la montura; o que se siga atusando el pelo que le queda Arcadi Espada en las entrevistas, que dentro de poco ese pelo será poco. ¿Eugenesia? Eso es lo suyo parece ser. Lo que les gusta. Lo que pasa es que la eugenesia, no se dan cuenta, nunca les toca a ellos que es a quienes les tendría que tocar. 

Arcadi Espada y Sánchez Dragó deberían casarse creo yo. Sánchez Dragó podría dejar a su señora japonesa y Arcadi Espada sus veleidades homofóbicas, homoeróticas, homoestúpidas u homoeugenésicas, y harían una pareja estupenda los dos. Juntitos como los amantes de Teruel: tonta ella y tonto él.