Opinión

¡Qué bonita serenata!

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¡Qué bonita serenata!

Don José María Carrascal, un señor famoso por su espantosa colección de corbatas, ha escrito un artículo en ABC (ahí es donde trabaja él ahora) titulado "En su propia trampa" y dedicado a Pedro Sánchez, que por cierto es el actual presidente del gobierno de España aunque el coleccionista de corbatas eluda mencionar ese hecho en todo el artículo, se nota que lo hace a propósito. 

Según Carrascal, "el gran error de Pedro Sánchez fue creer que cuantos apoyaban su moción de censura le apoyaban a él."

¡Vaya! ¿De verdad el señor Carrascal cree que el actual presidente del Gobierno Pedro Sánchez era o es tan tonto? Si el señor Carrascal, famoso coleccionista de corbatas espantosas ya digo, cree eso, entonces yo creo que el tonto es el señor Carrascal. "¡Carrascal, Carrascal, qué bonita serenata!"

Por supuesto que Pedro Sánchez sabía que cuantos le apoyaron en la moción de censura en realidad no lo apoyaban a él. Solo querían a) echar a Rajoy; b) provocar un cambio; c) escalar puestos electoralmente en vistas a unas futuras elecciones; d) conseguir réditos políticos o de otro tipo, sobre todo los nacionalistas catalanes y vascos (los nacionalistas gallegos no sé si se han dado cuenta, no existen); o f) da igual, lo que fuera.

En todo caso a Pedro Sánchez lo apoyaron un montón de tipos que no estaban interesados en él en absoluto, pero él era perfectamente consciente de eso.

El señor don José María Carrascal, famoso repito por su espantosa colección de corbatas, escribe al dictado de sus ideas preconcebidas, lo que a la hora de escribir resulta bastante cómodo. Que me lo pregunten a mí que también escribo. Si escribes al dictado de tus ideas preconcebidas lo único que tienes que hacer es escribir siempre lo mismo. Está tirado. En cinco minutos liquidas un artículo y pasas a otro. ¡Genial!

Yo todavía conservo una colección de corbatas aunque hace mucho que no las uso. Al contrario que los trajes (me vestí de traje durante años) que acabé dando a Cáritas o a otras oenegés, las corbatas las he conservado no sé por qué. Quizá porque son bonitas y me gustan aunque ya no me las ponga. Claro que entre las más de cien corbatas de los años ochenta y noventa que aún guardo, corbatas de Dolce & Gabanna, Dior, Yves Saint Laurent, Oswald Boateng, Armani, Gaultier, etc., no hay ninguna tan hortera como la menos hortera de la colección del señor Carrascal. Supongo que incluso en eso somos distintos. A mí me gustan las corbatas bonitas y a él las feas, con las que por cierto se ganó una inmerecida fama de agudo comentarista político en televisión hace años. Carrascal nunca tuvo ninguna gracia. Lo único que tenía gracia de él eran sus horribles corbatas.

Yo al señor Carrascal no lo entiendo salvo en una canción: "¡Carrascal, Carrascal, qué bonita serenata. / Carrascal, Carrascal, que me estás dando la lata!"