Opinión

Si tú saltas, yo salto

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Si tú saltas, yo salto

El otro día pusieron Titanic, la de Cameron con Leo di Caprio y Kate Winslet por televisión en una cadena en abierto, ya no sé en cual. Me puse a verla. Algo absurdo que me ocurre a veces dado que tengo esa película en mi colección de  DVDs entre varios cientos de títulos todos muy elegidos, y podría volver a verla cuando quisiera sin necesidad de tragarme los interminables cortes llenos de anuncios de la cadena, o incluso parándola cuando me diera la gana o volviendo atrás o adelante a mi antojo. Pero como me ocurre tantas veces ya digo, me quedé a verla entera, anuncios incluidos. Una película que ya había visto quince veces.

Yo creo que el Titanic de Cameron es una de las grandes películas de la historia del cine. Además de los dos actores principales ya citados que me encantan, aparece una de mis actrices favoritas, Kathy Bates, haciendo una fabulosa interpretación de "La insumergible Molly Brown".

Por cierto que para los aficionados al tema hay varias películas sobre eso, pero si ven la inglesa del año 1958 titulada "La última noche del Titanic", descubrirán que la de Cameron está casi perfectamente calcada de ahí, plano a plano. Con la bonita historia añadida de Rose y su diamante "El corazón del mar". Y por supuesto con los espectaculares efectos especiales y de producción que todos conocemos.

Entre mis amigos cinéfilos (tengo varios) con los que me encanta hablar sobre cine ya que saben mucho, hay unos cuantos que aborrecen esta película, yo creo o sospecho que casi sin haberla visto, porque la consideran un simple producto adinerado, comercial y lacrimógeno de Hollywood. Claro, yo también he visto cientos de películas de cine independiente, indie o lo que sea, maravillosas y hechas con cuatro euros, pero negarle el mérito a una película solo porque sea una superproducción costosísima es absurdo. He tenido esta discusión docenas de veces con algunos de ellos.

Viendo por décimosexta vez la peli me di cuenta de lo que le pasaba a estos amigos míos con Titanic. Y me di cuenta de que si ellos hubieran podido ver en el estreno Lo que el viento se llevó, o Lawrence de Arabia, o Doctor Zhivago por ejemplo y no seguiré con la lista, igualmente les hubieran parecido horteradas pretenciosas y comerciales, y habrían tenido que pasar muchos años para que llegaran a entender la grandeza de esas películas.

Y de paso me di cuenta también de que el problema (el problema que tienen ellos, no yo) es que a pesar de saber mucho sobre cine no han entendido para qué sirve de verdad el cine.

Y el cine solo sirve para una cosa: para soñar.

Si tú saltas, yo salto.

PD: Broma cinéfila final. Por supuesto todos sabemos que Leo di Caprio cabía en la tabla perfectamente junto a Kate Winslet. Si no se subió a ella fue porque no le dio la gana.