Opinión

Otra pifia más

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Otra pifia más

A este paso, el Gobierno no va a necesitar a la oposición (y mira que el PP y Vox meten bulla) para demostrar que, lejos de controlar la situación, se disparan permanentemente en el pie. No hay semana sin escándalo, sin desmentido, sin rectificación. Las ruedas de prensa, en Moncloa, son el paradigma de cómo arreglar entuertos sin conseguirlo. Normalmente, comparece la ministra portavoz, Montero y, a su lado, el compañero de Gabinete obligado a rectificar.

Le tocó a Marlaska y, de nuevo, no consiguió el objetivo pretendido. Sus explicaciones sobre el cese fulminante del jefe de la Guardia Civil en Madrid a causa de la "política razonable, de constitución de un nuevo equipo", resultó tan inverosímil, en mitad de una pandemia y del estado de alarma consiguiente, que la cara del ministro reflejaba el estupor de quien no se cree lo que está diciendo.

Para acabarlo de arreglar, anuncia la última subida de salario para la Benemérita, incluido en un real decreto ajeno a la materia, lo que demuestra que el tema no estaba previsto en la agenda del Consejo de Ministros y fue una decisión de última hora para poner coto al incendio en el Cuerpo.

En la sesión de control de ayer miércoles, la bancada de la derecha se frotaba las manos: se lo habían puesto en bandeja. Y como no hay tema controvertido que no lleve aparejado la salida de tono del vicepresidente Iglesias y sus admoniciones apocalípticas, acusó al PP de alentar la insubordinación de la Guardia Civil, al tiempo que advertía "sean prudentes, que nos estamos jugando la democracia". Seguramente los ciudadanos de a pie, que bastante tienen con el confinamiento, la pérdida de puestos de trabajo, y la horrible crisis económica que se avecina, ahora tengan un inquietud más al saber que la democracia está en riesgo...

Con este panorama de confrontación del que se volvió a vivir otro ejemplo más, ayer en el Congreso, resulta muy difícil aventurar que se logre otra renovación del estado de alarma. Por lo que, bien haría la vicepresidenta Carmen Calvo en tener a punto una legislación alternativa, que permita mantener una mínima dirección centralizada para que las fases de la desescalada lleguen a buen puerto.

Pese al interés de Podemos en estrechar lazos con Bildu, el coste político para el PSOE es tan alto (no hay más que oír a algunos barones territoriales), que otra concesión sería intolerable. Aunque se quedara en papel mojado gracias a Nadia Calviño.