Opinión

Paisajes estáticos 
de Mila Vázquez

Opinión

Paisajes estáticos 
de Mila Vázquez

Mila Vázquez nos visita de nuevo. La artista pontevedresa afincada en Santiago cuelga en la Galería Visol una muestra pictórica, desde hace unos días, que titula ‘Impresiones’. En sus obras de pequeño formato hay paisajes industriales y urbanos, principalmente.

Algunas se significan desde su nombre, como la Papelera Ence, Puerto de Vigo, Fondo de Arnois o Estación Linkopin, en los que desde la evocación se puede sentir su actividad, el humo que contamina, o la brisa marina y el sol. Otros, en cambio, se hallan en el anonimato que hurta la ausencia del nombre, y convierte en anónimos a fábricas y madereras o forjas, mas también andenes de tren, cuya presencia se adelgaza hasta desaparecer, únicamente formas ya, al despojarles de los rastros reconocibles.

Son todos estos temas las visibles huellas de un pasado con ruidos y humos, de acción frenética, constante, intensos esfuerzos humanos por décadas que son tomados por la artista desde otra luz, sin actividad, sin la vida que los creó, estructuras de silencio ya, arqueología industrial en muchos casos, en la que sólo se oye el viento. Rescata así la autora desde su abandono, o ruina, mundos desde los que se generó economía y riqueza, una visión teñida de melancolía.

En la elección de la artista Mila podemos hallar, de alguna forma, una selección de María Emilia Vázquez Rozas (A Estrada, 1965), nombre de la artista, como docente en la Universidad de Santiago de Compostela. En ella imparte clases esta Doctora en Economía, como profesora titular de Métodos Cuantitativos para Economía y Empresa, siendo decana de su Facultad desde hace unos cuantos cursos. Es así un tema próximo desde su ámbito de conocimiento, y al mismo tiempo desde el de su decantada sensibilidad. Su querencia por él viene desde hace unos años, que pudimos ver 2012 en el C-Cultural de la Diputación sus ‘Vestixios’, que denominó ‘Espazos interpretados’ en su exposición de Santiago en A Virxe da Cerca dónde habían estado antes, siempre con la historiadora de arte Cristina Carballedo, de comisaria de exposiciones. El vino ourensano de Nairoa, de las tierras de la Arnoia, no faltó en ninguna de ellas, maridaje feliz de un caldo de O Ribeiro y el arte, desde la amistad con Guillermo Díez.

Mas ahora, como novedad, trae la artista otros paisajes más cálidos, en los que la naturaleza se sobrepone a la obra construida. Es un cambio sustantivo, aunque lo industrial se halle presente en alguna fábrica o conservera en la recortada costa de las Rías. Es una aproximación a la naturaleza, en la que más allá de las formas construidas, capta el instante, que es luz, y con ella, la vegetación, el cielo y el mar. Mantiene más aún lo estático, aunque podamos percibir casi un éxtasis, esto es, traslada lo extático a un ámbito poético. Así ante el castillo de Santa Cruz, de Oleiros, A Coruña, que desde el escaparate anima a entrar para ver su obra, acrílicos, y acuarelas.

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